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Circo, maroma y teatro

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Estamos por vivir un momento histórico en la política mexicana, pues está por celebrarse el mayor montaje de democracia de los últimos 5 años, patrocinado por el gobierno actual.

Ya nos tienen acostumbrados a estás pseudoelecciones populares, pues es la ‘chuleta’ preferida del nuevo régimen para entretener a sus ciudadanos. Falsos procesos que solo agitan el avispero de la sociedad mexicana buscando polarizar a los ‘golpistas’ contra los ‘aliados’.

Siendo una forma muy innecesaria de gastar el erario público y denigrar herramientas políticas que le sirven a los ciudadanos como salvavidas para reclamar realmente las inquietudes o violaciones a nuestras garantías individuales y colectivas, pasando a ser simulaciones de consultas sobre preguntas que deberían tener una respuesta obvia, pues, si me preguntan a mí si quiero que se castigue a alguien que hizo algún crimen, la primer respuesta podría ser un ‘sí’, y después pesaría lo innecesario que resulta que una autoridad me pida permiso para ejercer su trabajo.

Siendo que aquí encuentro algo muy interesante, pues el poner en tela de juicio el rol de las autoridades para que apliquen el poder otorgado por el contrato social puede sonar intrigante para un estudio político; sin embargo, en la praxis, en un pueblo lleno de hartazgo hacia sus políticos, donde la gente está cansada de la impunidad, el preguntarles eso, más que parecer que incluyen la opinión popular en una pregunta redundante, parece una burla a la inteligencia del electorado, como si algo tan importante podría resolverse si la gente solo dijera ‘sí’.

Si elegir entre una doble bifurcación resulta muy complicado debido a que la gente no sabe que esta es una ilusión, el elegir una plantilla para nuestro representantes en el legislativo y el ejecutivo es una travesía; pues, seamos sinceros, cuántos nos ponemos a analizar el pasado, presente y futuro de nuestros candidatos, muchos votan solo por el color de su partido, sin cuestionar o juzgar porqué se estableció a tal persona para tal puesto.

Sin embargo, algo que queda claro es que, con cada elección, los políticos dejan de ser ‘políticos’ y se convierten en influencers, buscando agradar al público joven y al general, realizando trends, o campañas en redes que parecen solo ridiculizar el ‘actuar político’ de nuestros candidatos.

Resulta interesante ponerme a pensar que en unos años, al retroceder en el tiempo y establecer cómo nuestros funcionarios llegaron al poder, nos daremos cuenta de todo este proceso populista, donde llegaban a ridiculizar a sus personas con memes, videos, canciones o campañas hechas para ‘la chaviza’. Como nuestro ejecutivo federal fue un meme en los debates, o incluso eso, que los debates presidenciales han trascendido más por su contenido mediático, sus momentos ‘memeables’ y las burlas a los ‘personajes’ políticos; que al desarrollo, propuestas, discurso político, etcétera.

La política se ha convertido en un concurso de popularidad, done no importa quién eres, sino como puedes entretener al pueblo, qué tan ‘cercano’ eres al pueblo o qué tan ‘pueblo’ eres.

Ahora tenemos una elección sobre un ente político que debe mostrar la mayor imparcialidad, sin partido o posición política visible, no soy ingenuo, son humanos y por ende tienen sus ideales y convicciones; sin embargo, el régimen actual ha trasformado a estos ‘candidatos’ en personajes que buscan un puesto en el gobierno a través de la popularidad. Los abogados de este país han adoptado estas estrategias políticas para buscar el voto popular, dejándose seducir por los vicios de la política, demostrando que son ‘parte del pueblo’.

Esta pantomima denominada elección magisterial solo demuestra que la democracia en este país sigue siendo una simulación, una forma en la que el gobierno coloca a sus favoritos en sus puestos para garantizar seguir en el poder. Prostituyendo el sagrado poder del pueblo y haciendo creer a los ilusos que su opinión es tomada en cuenta.

El pueblo sigue siendo pueblo, borrego y con necesidad de espectáculo, y al cliente lo que pida. Quieren pan, se les dará; quieren circo, se les dará. Al fin y al cabo ya sabemos como va a acabar esto en unos años. Otro partido va a llegar, va a aplicar el mismo sistema de siempre y el círculo se volverá a repetir.

Pues el mexicano no piensa en su futuro, no piensa en las repercusiones de sus decisiones, no piensa en los problemas que afrontará mañana. Mientras les den sus recompensas mínimas, nadie se puede quejar, porque, de que les den esa miseria, a nada, pues al cliente lo que pida.

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