
Muchas de esas vendedoras son madres e incluso abuelas, y pasan su día trabajando como cualquier otro.
Andrea Barrón es uno de muchos casos. Tiene vendiendo desde hace 15 años frente al panteón San Nicolás. Por lo general, lo que ofrece son flores de plástico que ella misma hace. Compra la tela y el alambre, y días antes del diez de mayo, les va dando forma. Hay desde $10 hasta $100 pesos.
Barrón cuenta:
“Este año apenas nos reponemos de lo de la pandemia. La gente todavía no tiene suficiente dinero. Yo de todos modos le sigo dando. Mis hijas me dicen que para qué voy a trabajar, pero a mí me encanta trabajar. El año pasado, cuando llegué de vender, mis hijos aprovecharon para festejarme” dice la señora de 72 años, quien vende acompañada de su esposo, Patricio Baraja.