
Las calles de la Andrade recibieron ciudadanos de diferentes estratos sociales. Todos esperando su turno para ingresar al templo y demostrar su devoción. Había quienes vestían como el santo en cuestión, con túnicas verdes y blancas, y quienes llevaban imágenes, estatuas o cuadros de San Judas cargando desde colonias tan lejanas como Villas de San Juan.
En el interior del templo, la venerada imagen era contemplada por los fieles, quienes le rezaban o le cantaban. El sacerdote Ulises Alejandro Oliva Vázquez, quien actualmente es el rector del templo de San Judas, celebró misa desde muy temprano, y ofreció entrevista para este medio, destacando la importancia del evento en sí:
“La de San Judas representa una fiesta importante, porque en primer lugar uno de ellos es apóstol de nuestro señor Jesús, y segundo porque es pariente del señor Jesús. Esta devoción, investigando en algunos libros, nos dice que fueron los hermanos claretianos quienes la trajeron, y así se fue desarrollando. Primero llegaron al templo de San Hipólito, que está en la ciudad de México, y luego la trajeron a nuestra ciudad”.
El templo de San Judas se construyó a inicios de los años sesenta, cuando la colonia estaba creciendo y con ella, la ciudad. Todo empezó como una capillita, y posteriormente con donación de los colonos se convirtió en lo que es hoy en día.
Durante la celebración de San Judas, vienen más de 10 mil personas durante el día.