
Santa Ana del Conde es una de las comunidades más importantes de todo León. Esto se debe a su valioso patrimonio histórico, pues sus tierras fueron un escenario fundamental en la Revolución Mexicana: allí ocurrió la ‘Batalla de Santa Ana del Conde’ entre las fuerzas villistas y constitucionalistas y fue donde Álvaro Obregón perdió su mano.
Hoy en día, caminar por las calles de Santa Ana del Conde es viajar al pasado. Desde su quiosco hasta su hacienda, son un registro perene del pasado. El cementerio de dicha localidad no es la excepción, pues aunque cobra más popularidad durante los dos primeros días de noviembre, en cualquier día del año se puede apreciar el valor histórico de sus tumbas.
Los terrenos del cementerio con el paso de los años pasarían a formar parte del municipio de León, pero desde mucho tiempo antes se enterraba a los seres queridos en las tierras del camposanto, según cuentan los lugareños de Santa Ana del Conde.
Para acceder al panteón, es necesario caminar por un sendero de terracería. Una vez que se ha ingresado, lo primero que se topa el caminante es un monumento con gavetas. Se puede ver una placa que advierte el devenir de los siglos: “Teodoro Gutiérrez de Velasco mandó construir este monumento para él y su familia. 28 de febrero de 1878”.
Esa es una de las tumbas más antiguas, pero hay otras de pequeños, como Óscar Enrique Vargas, quien nació el 10 de marzo de 2023 y falleció el 14 de mayo de este año. Su familia lo recuerda con un inmenso amor y respeto: “como una estrella fugaz, eclipsando a todas las demás”.
Durante todo el día, la gente limpió tumbas y rezó. Así permanecieron hasta la medianoche y la madrugada del 2 de noviembre.
Así es como cada 1 de noviembre se celebra a los muertos. A los pequeños y a los centenarios, pues como bien dijo José Guadalupe Posada, el célebre dibujante de la catrina: “La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera.”