El pasado miércoles 1 de julio, se reestrenó en Netflix “Misterios sin resolver”, una de las series de corte documental y crímenes reales más emblemáticas de los años noventa. Durante años, el programa presentado por Robert Stack mostraba cientos de asesinatos, robos, desapariciones y estafas que quedaban sin resolverse, con criminales que huían de la justicia sin el menor pudor. Se trataba de episodios que inspiraban tanto miedo, como indignación. El programa marcó a toda la llamada generación X, y su regreso al streaming espera recuperar ese sentimiento de miedo y deseo de justicia en la generación millenial.

Lo cierto es que los llamados crímenes sin resolver son todo un tema y un problema. Incluso en lengua inglesa hay un término en el idioma inglés: “cold cases” (casos fríos) porque algunos quedan “congelados” durante siglos y siglos.

Quizá el “caso frío” más famoso de la historia es el de Jack el Destripador, aquel misterioso asesino serial que mató prostitutas durante el otoño de 1888 en el barrio londinense de Whitechappel, en Londres. Hasta el día de hoy siempre será una investigación abierta, y la cantidad de películas, libros y nombres de sospechosos es tan grande que podría llenar bodegas enteras. Entre los supuestos responsables de aquellos decimonónicos feminicidios, se sospecha desde Lewis Carroll, el autor de “Alicia en el País de las Maravillas” hasta el príncipe Alberto de Clarence, nieto de la reina Victoria.

Entre los casos que investigó la serie, está el de las cartas de Circleville.

EL ESCRITOR DE CIRCLEVILLE

En 1976, la gente del pueblo de Circleville, en Ohio, comenzó a recibir cartas anónimas escritas son letra de molde, donde se les amenazaba y aparte, se divulgaba sus secretos más íntimos, la mayoría vinculados a infidelidades.

Una de las víctimas fue María Gillespie y su esposo. Poco a poco, las misivas hicieron que el hombre se estresara tanto que murió en un accidente de coche. Con el paso del tiempo se creyó que el llamado “Escritor de Circleville” era Paul Freshour, cuñado de María, por lo que fue enviado a prisión.

Lo aterrador fue que las cartas siguieron llegando a la gente de Circleville, e incluso Paul recibió una a la cárcel. Durante tres décadas, las cartas violentas y amenazadoras no paraban. Hubo casos de violencia y conflictos entre los vecinos, mientras el autor vivía en el anonimato. Cuando en 1993 “Misterios sin resolver” emitió el caso, también recibieron una carta amenazadora, todas firmadas como “El escritor de Circleville”.

Para la fortuna de los habitantes de este pueblito, hoy en día la entrega de epístolas por fin cesó. Tal vez por el auge de internet. Nadie lo sabe.

EN MÉXICO

En nuestro país, los crímenes de esta índole no inspiran series de televisión exitosas, sino auténtico miedo, preocupación y pesadillas. Basta con recordar el terrible caso de “Las Muertas de Juárez”, quizá uno de los más siniestros ejemplos de feminicidios a nivel mundial, que comenzó en 1993 con su primera víctima: Alma Chavira Farel, y hasta el momento, con una cifra de alrededor de 700 víctimas, no se ha encontrado a un responsable.

Por desgracia, los “cold cases” se pueden sentir tanto en los servicios de streaming como en la vida real.

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