Pasión, sensualidad, libertad seductora, tragedia, Carmen, la ópera de Georges Bizet es todo, el Teatro del Bicentenario presentó una versión entrañable, una producción que logró una gran ovación del público.

Las localidades para las 4 funciones programadas de Carmen se agotaron, el domingo por la tarde el  Teatro del Bicentenario estaba totalmente llenó, el respeto por el trabajo de Alonso Escalante fue reconocido por el aplauso de los presentes luego de que un tenue grito femenino se escuchara, “¡Gracias Alonso!” provocó aquella muestra de agradecimiento.

La iluminación en el teatro se desvaneció al mismo ritmo que los aplausos, en el ambiente solo quedó el resplandor del escenario, el trabajo en la iluminación y escenografía fueron elementos que destacaron en la producción, ya que transmitió la esencia de Carmen, un conjunto de sensaciones que mantuvieron al espectador pendiente a cualquier detalle.

El trabajo en la dirección musical y escénica de José Areán y Mauricio González Lozano, respectivamente, se conjugaron de tal manera que todo fluyó de forma natural para entender lo que Carmen es, una libertad que hoy en día la sociedad cuestiona y hasta pareciera  molesto para quienes la desconocen.

Carmen, un grito a la libertad en 4 actos.

La historia compuesta de 4 actos se desarrolla en Sevilla. Durante el primer acto sucedió la aparición de Carmen, interpretada por la mezzosoprano, Alessandra Volpe, su voz y actuación se impusieron desde un inició en el escenario, de igual manera el tenor José Manuel Chú, al interpretar a Don José, tuvo una presencia destacable, un personaje que muestra su lado más humano, con una personalidad visceral. Entre ambos se daría una relación que se vuelve un “círculo vicioso”.

Uno de las arias más aplaudidas e impresionantes, fue  «L’amour est un oiseau rebelle» (El amor es un pájaro rebelde), un momento clave para entender la libertad que Carmen se encarga de vivir, sin ataduras, en tiempo presente, intensa.

El color rojo, negro y blanco predominaron en el ambiente, el papel de Micaela (Marcela Chacón) fue la contraparte de Carmen, cabe destacar que la actuación de la soprano fue muy bien recibida, transmitió perfectamente una personalidad sumisa y hasta cierto punto inocente.

Durante el segundo acto, Don José deja lo que tenía para seguir a Carmen, aún con el pesar de haber defraudado una vez más a su madre, quien a través de Micaela le hace llegar un mensaje que lo haría retornar a con  su progenitora que se encuentra grave, no sin antes advertir de manera amenazante que volverá por la gitana, mujer que comienza  a poner atención en Escamillo, Armando Padilla (barítono), un joven torero apuesto que se enamora de la protagonista que poco a poco a poco pierde el interés por Don José.

El dramatismo y tragedia toman fuerza en el último acto, las cartas ya habían advertido a Carmen que moriría, ese momento sucede en una corrida de toros en la que Don José le pide que lo ame de nuevo, pero ella es un ser libre que no desea hacerlo, preso de los celos, el hombre saca un navaja y la embiste contra el cuerpo de la fémina que no tiene escapatoria.

El factor Alonso Escalante, el fin de un ciclo para el Teatro del Bicentenario.

Algo que destaca, sin duda de la producción del Teatro del Bicentenario es esa libertad creativa que se les da a los que intervienen en el proceso, Carmen no fue la excepción, tan solo el trabajo en la escenografía, fue clave para el éxito de dicho montaje, fue diseñado de tal manera que no fue necesario presentar varios escenarios, el ruedo logró ser la alusión de todos los paisajes necesarios descritos en la historia.

El coro y orquesta del Teatro del Bicentenario, así como el Coro de Niños de Valle de Señora hicieron una buena actuación. El público presenció lo que es la última producción operística de Alonso Escalante en dicho recinto. Fueron poco más de tres horas en las que el público experimento la libertad seductora en todos los sentidos.

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