Paralelamente al caso similar vivido por una familia leonesa, un grupo de jóvenes originarios de Querétaro que regresaban de un viaje a la playa, fueron interceptados en la carretera a Irapuato por hombres con armas largas que les cerraron el paso, pero hábilmente el conductor del vehículo arrancó y pudo escapar gracias a los conductores de dos tráileres que al darse cuenta se abrieron en la carretera para impedirles el paso a los sicarios.

Ernesto, uno de los queretanos que vivió esa amarga experiencia en tierras Guanajuatenses, habló en entrevista para este medio de comunicación con el firme propósito de alertar a  familias y conductores sobre situaciones de este tipo.

Alentado por el caso de un matrimonio originario de esta ciudad de León que vivió una situación similar en este mismo estado hace tan sólo unos días, cuando el padre viajaba con menores de edad entre hijos y amigas en un vehículo y en otro automóvil, la madre, también con niñas, se decidió a exponer el terrible momento que él y sus amigos vivieron

El joven de 34 años de edad narró que la semana pasada, para ser exactos el Martes 5 de Febrero entre 8:00 y 9:00 de la noche iban rumbo a Irapuato con destino final a su tierra natal,  de Pénjamo, pero al circular  entre Abasolo y La Piedad, pasando el balneario La Caldera ya muy cerca de Irapuato, observaron una patrulla de la Policía Federal por el carril derecho y detrás de ellos una camioneta.

Tres kilómetros más adelante el conductor de la camioneta trasera les lanzó las luces altas por lo que él, que conducía otra camioneta, se orilló en un tramo de terracería y detuvo la marcha pensando que eran los Elementos de la Federal, en ese momento bajó el cristal de la ventanilla pero no se bajaron y al voltear hacia atrás alcanzaron a ver a cuatro hombres con armas largas que bajaron, se pusieron delante de la camioneta mientras les apuntaban exigiéndoles y amenazándolos para  que descendieran del vehículo.

De manera instintiva, dice Ernesto, y como resultado de una experiencia similar vivida dos años atrás, de inmediato se echó de reversa y luego arrancó a toda velocidad, por lo que los delincuentes rápidamente se quitaron del camino pensando que les iba a echar la camioneta encima y subieron a la de ellos.

Junto con Ernesto viajaban tres amigos y la novia de uno de ellos de la cual menciona que alterada gritaba que huyeran que ya traían armas largas.

En ese momento el astuto conductor se incorporó a toda velocidad a la carretera pero por el retrovisor observó que los tripulantes de la Honda CRV de color negra que si traía placas de circulación, iban detrás de ellos por lo que inició una persecución.

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Los cinco jóvenes de entre 25 y 35 años de edad, tripulaban una Frontier de color naranja en modelo 2018 con placas de Aguascalientes, por esta carretera libre que es de jurisdicción estatal, en ese momento regresaban de Guadalajara donde hicieron una escala ya que regresaban de un viaje que realizaron a Manzanillo.

“Mientras trataba yo de escapar y mis amigos en shock vi por el espejo unas luces muy intensas y observe que eran de dos tráileres, por lo que hicieron los dos conductores supongo que se dieron cuenta de lo que sucedía y se abrieron a los dos carriles para impedirles el paso a los que nos perseguían, en ese momento y gracias a ellos logramos escapar y estamos vivos”, narra Ernesto.

Luego, Ernesto dice que apagó las luces de su vehículo y se metió a la carretera de Irapuato para llegar a la ciudad, desde ahí hasta Querétaro hizo como 25 minutos, dice, pues iba a 190 kilómetros por hora, la velocidad máxima que le permitió su camioneta y arriesgando tanto su vida como la de sus amigos, por el temor que sintieron, llegando a la caseta de Querétaro señala, todos se sintieron a salvo y liberados.

Esto dijo es importante tenerlo como referente y como un fuerte motivo para dar a conocer lo sucedido, la pesadilla que por minutos vivieron y que se les hicieron eternos a estos cinco jóvenes, para que las familias y conductores recalcó Ernesto, tengan precaución y no sean víctimas de los delincuentes. Sobre todo en Guanajuato, que calificó como un foco rojo.

“A nosotros nos tocó vivir lo mismo que a la familia de León, lo peor para ese matrimonio es que iba niños y niñas y eso no es justo, no es posible permitir que esto continúe, no queremos que otras personas pasen o vivan lo mismo” reiteraba el joven.

“Ese es el modo en que operan los delincuentes”, refirió Ernesto, “todos se veían ya maduros, estaban tatuados de las manos y brazos, vestidos con playeras de manga corta, uno de ellos pelón, pero los cuatro con el rostro descubierto, con tipo de ex presidiarios o de mara-salvatruchas, como de pandilleros”, finalizó.

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