Buscar nuevos horizontes, puede leerse como algo fácil. Esta ha sido una idea recurrente en los últimos días, después de que se cancelara la reunión entre los presidentes Peña Nieto y Trump. A raíz de que se firmara la orden ejecutiva para la construcción del muro fronterizo, se desataron una serie de eventos y mensajes, que han generado una serie crisis diplomática; y el potencial rompimiento entre México y los Estados Unidos. Canadá, tercer miembro del TLC, prácticamente se ha hecho a un lado, para no verse afectado. Algunos piensan que México debe ser más agresivo, y que debe fijar una postura firme, en pos de salvar la dignidad de los mexicanos. Sin embargo, de presentarse un escenario de rompimiento, no será Estados Unidos el más afectado.
Empecemos por las estadísticas de comercio entre los países del TLC. En poco más de dos décadas, desde que entró en vigor el TLC, las exportaciones de México, hacia los Estados Unidos, se han más que quintuplicado. El grado de dependencia es tan grande, que 81 por ciento del total de bienes y servicios que exporta nuestro país, tienen como destino nuestro vecino país del norte. En el caso de los Estados Unidos, el perder a México como socio comercial, no le representa, en términos generales, un gran problema, ya que solamente el 15 por ciento de sus exportaciones vienen a México. A Canadá ni mencionarlo. Menos del 3 por ciento de nuestras exportaciones son al país de la hoja de maple.
Lo anterior quiere decir que, 16 por ciento de las exportaciones de México, llegan al resto de las regiones del planeta. 5 por ciento van a Centro y Sudamérica, 6 por ciento a Europa, 5 por ciento a Asia. África y Oceanía prácticamente no existen, en términos de comercio exterior, ya que, entre ambos, acaparan el 0.5 por ciento de los productos mexicanos. Así que, aún cuando México ha firmado 12 Tratados de Libre Comercio, lo cierto es que el único que ha rendido frutos interesantes, ha sido el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El resto no se ha sabido o no se ha querido aprovechar. Esto es natural, teniendo en cuenta que, México, es vecino de la principal potencia económica del planeta. Y hasta hace unos pocos días, los vecinos mantenían una relación cordial.
Buscar nuevos horizontes es una buena idea, pero que difícilmente podría concretarse. Al país le llevaría años poder cambiar el curso. Sería más factible que primero terminara su mandato Donald Trump; y que las relaciones entre ambas naciones se recompusieran. Negociar sería otra de las alternativas. Sin embargo, con las señales que ha enviado el nuevo inquilino de la Casa Blanda, se antoja difícil hacerlo en igualdad de circunstancias. En efecto, México debe establecer una postura firme, pero no debe dejarse de lado la diplomacia. Un rompimiento no sería bueno para ninguna de las partes pero, sin duda, el más perjudicado sería nuestro país y, por ende, nosotros como mexicanos.
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