
Las bancas del Centro Histórico aguardan que todo vuelva a ser como antes para regresar al bullicio citadino, a recibir a los amigos que cuentan sus mil y una anécdotas, a ofrecer descanso a los paseantes ocasionales y disponer a los nostálgicos un remanso en el tiempo… a tiempo.
Hoy, los espacios de la Zona Peatonal y sus portales parecen congelados entre las manecillas del reloj de un pueblo leonés que no se vence, que ha superado episodios de adversidad y que confía que, muy pronto, todo vuelva a ser como antes.
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