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Backroom: La incomodidad de no saber por dónde salir

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Por Kaleb Sotelo

Hay películas a las que llegas preparado. Sabes de qué tratan, viste los avances, leíste algunas opiniones y entras a la sala con una idea bastante clara de lo que vas a encontrar. Y luego está Backroom, una película que me tomó completamente por sorpresa.

La realidad es que yo quería ver The Mandalorian & Grogu. Ya tenía el plan hecho, pero la función era demasiado tarde. No quería esperar tantas horas y mi novia lanzó una propuesta que parecía inofensiva: «¿Y si vemos Backroom?». Yo no sabía absolutamente nada de la película. No había visto un tráiler, no conocía a los actores, no tenía contexto sobre la historia ni sobre quién estaba detrás del proyecto. Entré a la sala prácticamente a ciegas.

Y salí igual.

O al menos eso pensé al principio.

Porque mientras caminaba fuera del cine me di cuenta de que sí había entendido algo: no sabía exactamente qué había visto, pero había sentido tensión durante toda la película.

Y eso no es algo sencillo de conseguir.

Backdoor pertenece a ese grupo de películas que no están interesadas en darte respuestas fáciles. No busca explicarte cada detalle ni construir una historia donde todo encaje perfectamente al final. Su objetivo parece ser otro: hacerte sentir tan perdido como sus personajes.

Desde los primeros minutos la película construye una atmósfera extraña, incómoda, casi hipnótica. Hay una sensación constante de que algo está mal, aunque muchas veces no puedas señalar exactamente qué es. No depende de grandes escenas de acción, de persecuciones o de sobresaltos repentinos. La tensión nace de algo mucho más complejo: los silencios.

Las conversaciones parecen normales hasta que dejan de serlo. Las miradas duran un poco más de lo esperado. Los personajes hablan como personas reales, con pausas, dudas e inseguridades. Y poco a poco la película te coloca en un estado donde cualquier pequeño detalle parece anunciar una tragedia.

Lo impresionante es que logra mantener esa sensación durante prácticamente todo su metraje.

Las actuaciones son fundamentales para que esto funcione. Nunca sentí que estuviera viendo personajes escritos para una película. Más bien parecía estar observando fragmentos de vidas reales, personas atrapadas en situaciones que lentamente comienzan a escapar de su control. Esa naturalidad provoca que todo se sienta más cercano y, por lo tanto, más incómodo.

Visualmente, la película también entiende perfectamente qué quiere transmitir. No intenta deslumbrar con movimientos de cámara espectaculares ni con imágenes diseñadas para convertirse en capturas de pantalla. Todo es contenido, sobrio y funcional. La cámara observa. Acompaña. Y deja que la incomodidad haga el resto del trabajo.

Y creo que ahí está la verdadera fortaleza de Backroom.

No es una película que quiera impresionarte.

Es una película que quiere quedarse contigo.

Mientras avanzaban los créditos seguía intentando ordenar mis ideas. Trataba de encontrar una explicación definitiva para todo lo que acababa de ver, pero entre más pensaba en ello, más sentía que la película no estaba interesada en ser resuelta como un rompecabezas.

Mi interpretación personal es que Backroomhabla sobre personas buscando desesperadamente una salida. Una puerta alternativa. Una forma de escapar de decisiones, contextos o realidades que parecen consumirlas poco a poco. Sin embargo, conforme avanza la historia, los personajes descubren algo profundamente doloroso: que no siempre existe una salida fácil.

A veces la puerta trasera no conduce a ningún lado.

Y quizá por eso la película funciona tan bien. Porque nos obliga a convivir con una sensación que normalmente evitamos: la incertidumbre.

No puedo decir que entendí completamente Backdoor. Pero sí puedo decir que pocas películas recientes me han hecho pensar tanto después de terminar. Y en una época donde muchas historias se olvidan apenas salen los créditos, lograr eso ya es una victoria enorme.

Porque hay películas que se disfrutan mientras las ves.

Y hay otras que empiezan cuando sales de la sala.

Backroom pertenece claramente a la segunda categoría.

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