Un año después de recordar a sus familiares difuntos desde sus hogares, miles de Capitalinos acudieron a los panteones de la ciudad para cumplir con la visita a las tumbas de sus fallecidos y reanudaron la tradición del “Día de Muertos”.

Algunos adelantaron la visita desde el día anterior, mientras otros acudieron temprano y la mayor parte llegó en las primeras horas de la mañana y antes del medio día para cumplir con la tradición de recordar a quienes ya partieron de este mundo.

Y aunque la gente trató de olvidar la pandemia del Covid-19, la cual obligó a la suspensión el año pasado, la enfermedad sigue presente y por ello en los accesos se distribuyó gel antibacterial y se pidió a los asistentes formarse y guardar la sana distancia.

En los accesos de los panteones de Santa Paula, el Encino y Marfil que fueron los que recibieron una mayor cantidad de personas, elementos de Protección Civil municipal, (PC) y hasta el mismo personal de los panteones distribuía el gel antibacterial y daban instrucciones a la gente.

“Este año ya pudimos volver a los panteones, pero ahora hay que tener en cuenta que todavía está la pandemia y que tenemos que cuidarnos, por eso le pedimos a la gente que cumpla con las medidas preventivas” dijo un empleado del panteón de Santa Paula que en la puerta daba instrucciones a los asistentes.

Como ocurrió en otros años previos al covid, antes de la visita obligada al cementerio las personas pasaban a los locales y puestos de venta de flores, coronas y otros adornos para las tumbas.

Las familias volvieron a reunirse y una vez más caminaron juntas para llegar hasta el campo santo y visitar la tumba del familiar que ya ha partido al viaje eterno y que ahora es el motivo de la reunión.

“No es lo mismo venir a ver a los difuntos en cualquier otro día, que en uno como hoy porque los recordamos de manera especial y los panteones se llenan de la alegría que llega con la gente”, afirmó Iván Roberto, mientras limpiaba la tumba de su familiar.

Y aunque el momento de visita obliga solemnidad y silencio, otras personas llevaron música y cantos para recordar al ser amado ya fuera el padre o la madre de familia, los hijos, las hijas, los abuelos, lo tíos, los sobrinos y desde luego los amigos.

Con flores en mano, veladoras y hasta las bebidas y alimentos que eran del gusto del difunto, las personas pasaron horas en algunos casos cerca de la tumba para recordar al familiar que ahora los congrega para cumplir con la tradición.

“A mi Dios ya me dio oportunidad de venir a ver la tumba de mi viejita otro año y no voy a dejarla sola hasta que me vaya con ella”, aseguró con tristeza Francisco Guadalupe, un hombre de 76 años que muestra devoción y esperanza a la recordar a su esposa.

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