“No hay clases hasta mañana”, recibieron como indicación padres y alumnos de la Escuela Primaria “Francisco Javier Mina”; se suspendieron actividades porque metros adelante un hombre fue asesinado a balazos.
Asustados antes que molestos, los papás que llegaron con sus hijos para dejarlos en la escuela de turno vespertino dijeron que no les fue informado el motivo de la cancelación.
“Supusimos que fue por lo que está ahí adelante”, dijo un padre de familia, refiriéndose al acordonamiento de la zona del crimen.
Poco después del mediodía del lunes, primer día de clases luego del receso de actividades por Semana Santa y Pascua, un motociclista disparó a otro y este último quedó tendido en plena calle Fundación, a la altura de la universidad Educem.
La directora de la escuela en el turno vespertino permanecía a la entrada.
Pese a que señaló no tener facultades para otorgar declaración alguna, comentó que la autorización fue otorgada por la Delegación regional Centro-Oeste de la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG).
“Es por seguridad de los niños”, detalló. Por la mañana lleva el nombre “Ignacio Ramírez López”, mejor conocida como “escuela verde” por su color característico.
Una empleada sostenía media cartulina de color blanco en la que daba el aviso.
“Hoy no hay clases, hasta mañana”, decía a cada persona que llegaba. La otra mitad fue pegada en la pared del edificio.
Casi todos los estudiantes, unos asustados y otros curiosos, volteaban al fondo de la cuadra en espera de una respuesta.
Al sitio arribaron Policías municipales, ministeriales y de vialidad; tiempo después llegó una camioneta cargada con militares.
CORRIERON PROECUPADOS
Ana Beatriz Durán recogía a su hijo: “Ya no sabe uno qué hacer ni qué pensar”. Vio cerrada la calle y le fue impedido el paso con su automóvil.
“¿Qué más hace uno? ya no se puede salir libremente a las horas del día llevando el mandado a la casa… ‘¡Vámonos!’, le dije a mi hijo”. Se sintió con coraje, angustia y “mucho miedo”.
Otros dos pequeños llegaban a la escuela acompañados de su padre, Norberto, quien consideró que pese a que las autoridades no lo quieran ver así, se trata de una situación grave. “Tienen que ponerse a trabajar ‘a la de ya’”, compartió mientras se dijo incrédulo de que ocurran actos de este tipo.
Hay quienes llevan a sus hijos a clases y regresan a sus empleos; otras personas se trasladan desde colonias en la periferia del municipio. La suspensión de actividades les representó un “gasto en balde” y una serie de contratiempos; para los menores, otro día de vacaciones.
