miércoles, agosto 26, 2026
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Así se ve la ciudad en las calles de la periferia

El entorno urbano de León cambia de golpe en apenas 500 metros. Al bajar el puente del bulevar Mariano Escobedo, los edificios desaparecen, el asfalto se despide y comienza el territorio de Barranca de Venaderos.
La regularización de la colonia San Juan de Abajo ha despertado la esperanza entre sus habitantes, pues tras años de vivir en un suelo de incertidumbre, por fin tienen la posibilidad de que su vida se estabilice… entretanto, hay otros asentamientos donde queda mucho por hacer.
Uno de ellos es Barranca de Venaderos, ubicado por el bulevar Mariano Escobedo. Aunque la colonia avanza poco a poco rumbo a la urbanización, persisten necesidades básicas, como pavimentación, alumbrado y tuberías de agua. Eso sin mencionar la falta de rutas de transporte público. Aunado a lo anterior, en su zona cerril se encontró una inhumación clandestina en 2023.
Durante décadas, la gente de Barranca de Venaderos tenía que sortear un camino pedregoso e inestable, pero en 2024 eso pareció solucionarse con la construcción del puente al que el municipio de León destinó 81 millones de pesos en un tramo de 500 metros desde el bulevar Mariano Escobedo. Esto ayudó a más 100 mil habitantes de 25 colonias ubicadas en el poniente.
Esta acción fue agradecida por la gente, pero aun así, todavía falta mucho por mejorar, por construir, por regularizar.
Aunque algunas de las principales calles del bulevar Acrilán ya están regularizadas, conforme se camina en la colonia, las necesidades (y las quejas de los vecinos) surgen.
A la barranca se accede desviándose por el bulevar Mariano Escobedo. Luego, se debe bajar por el tan celebrado puente. Después, el camino pavimentado se vuelve de terracería, los edificios en casas y el terreno, irregular. Desde el horizonte se puede ver la serranía y un riachuelo. De golpe, el entorno urbano cambia. Para regresar al bulevar hay que caminar de regreso, porque no abundan rutas de camión.
Casi en los límites de la colonia está la casa de Emilia Gaytán, de 67 años. En su cochera, hay varios tinacos y bidones. Así es como responden a las necesidades de la higiene personal, pues el agua no es un lujo en Barranca de Venaderos. Para llenar los contenedores, tienen que ir a la toma comunitaria municipal, que en ocasiones se abarrota de otros vecinos.
Y es que el agua siempre ha sido un problema habitual en la Barranca. Hace años, llegaban pipas con el líquido a la colonia y posteriormente se instaló una toma. Hay quienes tienen que dar más de dos vueltas cargando 2 cubetas. Cuando se es una persona de la tercera edad, el recorrido se vuelve casi una peregrinación medieval.
Las escuelas tampoco abundan en Barranca. Muchos niños y niñas tienen que ir o a la institución López Mateos, o a las que se encuentran por el bulevar. Madres de familia como Diana Pérez señalan que son necesarias más escuelas para que los niños y las niñas puedan mejorar su vida y sobre todo, su futuro.
En el verano, el calor se intensifica en la zona debido al camino sin pavimentar, y en temporada de lluvias, los lodazales se vuelven un obstáculo cotidiano, como tantos en León, pues el lodo y el polvo son el escenario de las historias.

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