
A lo largo y ancho de León, los transeúntes y conductores ven a diario diferentes esculturas en los bulevares, glorietas y parques. Algunas de ellas son identificadas al instante, como es el caso de “El Arriero” o El Monumento a la Madre. Otras, es necesario contemplarlas más a detalle, pues están escondidas en las plazas o los parques.
Esta es la historia de algunas esculturas de León y parte del estado; de su origen y sus creadores, y cómo han trascendido a lo largo de los años y siglos.
La escultura, como una de las Bellas Artes, viene del latín “sculpere”, que significa esculpir. Como expresión artística, ha estado presente a lo largo de la Historia de la humanidad y en todo el mundo. Nombres como la Estatua de la Libertad o El David de Miguel Ángel son dos excelentes ejemplos. Como es de esperarse, Guanajuato y la Capital del Calzado no son la excepción.
Indudablemente, la que caracteriza a Guanajuato Capital es la Escultura al Pípila. Su imponente pose la vuelve no solamente un símbolo de la ciudad y el estado, sino una visita obligada para todos los turistas. El creador no fue otro sino Juan Fernando Olaguíbel, quien es, en este arte, uno de los mayores orgullos del estado, pues nació aquí en el año de 1896. Además de la ya mencionada, en su currículum está la Fuente de Petróleos en Paseo de la Reforma, y por supuesto, una de las obras maestras en CDMX: la Diana Cazadora. El monumento al Pípila fue inaugurado en 1939.
Otro de los elementos representativos de la capital del estado es el personaje creado por Miguel de Cervantes Saavedra: El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha. Su obra escultórica, acompañada de su caballo Rocinante y su escudero, Sancho Panza, se encuentra en la Plaza Allende y fue creada por Víctor Gutiérrez Guerra, otro importante artista dedicado a esta disciplina.
Para muchos guanajuatenses, quizá el nombre del escultor Fidias Elizondo no diga mucho, pero la cosa cambia cuando se menciona una de sus obras maestras: El Cristo del Cerro del Cubilete. Oriundo de Monterrey, y nacido en 1891, este artista llevaba el talento hasta en el nombre, pues era tocayo de uno de los escultores más famosos de la Grecia Clásica. La estatua de Fray Juan de San Miguel, en San Miguel de Allende, también es producto de sus manos y su mente.
EN LEÓN
Pero… ¿qué esculturas importantes hay en León? ¿Cuáles han marcado a la ciudadanía?
Ricardo Motilla, Ildefonso Lorea y Carlos Terrés son, sin duda, tres de los nombres más sonados y destacados.
De acuerdo con su página web, Motilla: “Oriundo de San Luis Potosí, S.L.P., México. Nace el 10 de diciembre de 1951 y realiza estudios de Arquitectura en la Universidad de Guanajuato (1970-75) donde, posteriormente, fungirá como maestro de dibujo al natural y de proyectos”.
La obra de Motilla habla por sí sola: se puede citar la Fuente de los Leones, así como San Sebastián, ubicado en el Museo de Arte a Historia de Guanajuato. Además de plasmar dos aspectos de la historia leonesa, también lo hizo con el futbol, pues “El Arrojo”, que se encuentra en el estadio León y representa a un portero, es también de su autoría.
De Ildefonso Lorea no se puede dejar de mencionar dos de sus obras más importantes: la imagen de Benito Juárez, que hoy en día se encuentra en el Archivo Histórico Municipal, el monumento a Miguel Hidalgo, en el Parque Hidalgo y por supuesto la más emblemática para la iconografía leonesa: el conjunto “La tenería”, en el Malecón del Río.
Finalmente, para cerrar con broche de oro, está el nombre de Carlos Terrés. Este prolífico escultopintor, como define su página web, tiene una amplia obra escultórica en la Capital del Calzado, que abarca varios temas. Una de las más conocidas es la del Monumento a la Madre en bulevar Venustiano Carranza, los venados en el Zoológico de León, la del torero Rodolfo Gaona en la Calzada de los Héroes, la imagen del arquitecto Luis Long en la Escuela de Música y “La Fundación de León” que se encuentra en el Parque Hidalgo.



