Mientras unos ya acabaron con todos sus ahorros, o muy apenas sacan para comer e incluso algunos no obtienen ningún ingreso por su labor, todavía hay personas que siguen sin creer que el Covid-19 sea real.
Incluso algunas personas como María Elena Rangel López, señalan que la problemática económica que viven los comerciantes puede ser mayor a la que se vivió en la devaluación del peso de 1994.
Ella tiene más de 30 años vendiendo almuerzos y tradicionales quesadillas doradas, y en entrevista con este diario relató que actualmente vende menos de la mitad de lo que regularmente preparaba y recordó que en el 94 un día sólo vendió 30 pesos y se preguntaba a sí misma “¿qué voy a hacer con 30 pesos?”.
Ella relató que muchos familiares no están yendo a trabajar y “no está bien la economía y lo que se viene”.
Tienen decenas de años poniendo su puesto de quesadillas en la esquina de la calle Trueno y el Francisco Villa, y hasta ahora ésta es la situación más difícil que ha vivido.
Por otro lado un oficio que se ha visto muy afectado por la contingencia es el de los boleros.
Jose Ávalos tiene 84 años de edad, ha sido bolero desde hace decenas de años y es su única ocupación actualmente.
Por la poca afluencia de personas derivada de la contingencia ambiental por el Covid-19, relató que hay días en los que no atiende ningún cliente, «ni siquiera sale para hacerse la cruz», comentó.
El señor Ávalos labora en el Parque Hidalgo, de lunes a sábado regularmente, y sus compañeros boleros (entre 3 y 4) también están pasando dificultades para seguir obteniendo ingresos de su tradicional labor.
Además desde hace algunos años el oficio de bolero ha ido disminuyendo.
En medio de la problemática laboral que causó la pandemia algunas personas tuvieron que echar mano de sus ahorros e incluso acabárselos para poder mantenerse estos más de dos meses de contingencia.
Tal fue el caso de Luis Alberto Carpio Mendoza, encargado de la venta de las tradicionales cebadinas en la calle Justo Sierra casi esquina con la Belisario Domínguez, en la Zona Centro de León.
En entrevista con este diario el relató que el sólo podría seguir un mes más ‘sobreviviendo’ porque hay deudas que tenía que aún no puede pagar, pero si la situación no mejora, ya que sus ventas cayeron hasta un 80%, podría quedar en bancarrota y un negocio familiar de dos generaciones podría correr el riesgo de desaparecer parcial o definitivamente.
Por su parte, la señora Felisa también muy apenas está ‘sacando para comer’. Ella se dedica a vender las tradicionales guacamayas en el Parque Hidalgo e incluso no tiene un lugar en dónde dormir, por lo que se quedaba ahí en la calle. Ella es una mujer de más de 80 años y a pesar de estar dentro de la población ‘vulnerable’ no puede detenerse porque no tienen a dónde ir.
El sector tianguista también se ha visto perjudicado porque de acuerdo con Jesús Téllez Cabrera, dirigente de la Unión de Comerciantes Tianguistas en León, señaló que las ventas han caído hasta un 60% y que en la ciudad son cerca de 13 mil las familias que dependen de esta labor.
En el regreso a la nueva normalidad declaró que ellos han implementado medidas como el uso de cubrebocas y gel antibacteral en la mayoría de los puestos.
Sin embargo, ayer El Heraldo de León realizó un recorrido por la Línea de Fuego y pudo observar cómo las personas circulaban sin el uso de cubrebocas y muchas sin atender las medidas de prevención.
Jesús Téllez reconoció que aún falta mucho para que llegue el pico más alto de contagios de Covid-19 pero espera que en las próximas 3 semanas el panorama sea mejor.
A pesar de que Guanajuato apenas entró a la parte más álgida de la pandemia por este nuevo ‘coronavirus’ hay personas que no creen aun en esto como por ejemplo Rubén Gutiérrez Rivera, quien tiene más de 30 años dedicándose a la música.
Al ser soltero no le ha afectado mucho esta contingencia y la pandemia la ha llevado estable (hablando en términos económicos), sin embargo sí dijo que «ha afectado sobre todo en restaurantes o fondas».
Además también señaló que la paranoia y la psicosis colectiva son otras de las consecuencias de esta emergencia sanitaria.
Sin embargo Gutiérrez Rivera es una de las personas que sigue sin creer que esta contingencia es real, pues opinó que «esto de la pandemia es un teatro».
El músico urbano señaló que ha hecho pequeños cambios en sus gastos, pues por ejemplo él ya no toma el camión para ir a su hogar y así como él señaló que la ciudadanía debería hacer algún reajuste de gastos en productos y servicios que no sean de primera necesidad.
