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APRENDIENDO DE LOS MEJORES

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Hace un par de días tuve la oportunidad de platicar con un ejecutivo mexicano, que trabajó como expatriado, durante poco más de cinco años, en una fábrica de una empresa belga, ubicada en China. Su experiencia y las vivencias que tuvo supervisando personal de aquel país asiático, podrían arrojar enseñanzas valiosas para los trabajadores mexicanos.

Lo que platicó no deja duda del porqué China ha llegado a tener tasas de crecimiento económico que ha sostenido a lo largo de varias décadas, que deberían ser la envidia de cualquier país desarrollado. Quizás el Presidente de la República podría implantar algunas prácticas que favorezcan el crecimiento de México, si decidiera voltear a lo que otras naciones han hecho en beneficio de sus habitantes.

Hablemos primero de la tasa de crecimiento económico. El Fondo Monetario Internacional acaba de revisar a la baja su pronóstico de crecimiento para la economía mexicana, de 0.9 a 0.4 por ciento. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, ubicó su pronóstico de crecimiento para nuestro país en 0.5 por ciento; y el Banco de México dice que el crecimiento de nuestra economía podría ubicarse entre 0.2 y 0.7 por ciento. Es decir, México prácticamente estará estancado al cierre del presente año, con un crecimiento muy cercano al cero por ciento. Por el contrario, China se espera que crezca al 6.2 por ciento al cierre de 2019, cifra que se considera baja para este tigre asiático.

Ahora bien, regresando a la charla que tuve con el mexicano que trabajó con China por más de cinco años, reveló algunas lecciones muy interesantes. Primero, dice que trabajar con los chinos es muy reconfortante. Son trabajadores puntuales, eficientes y altamente preparados, que buscan hacer su trabajo con el mayor detalle posible, siempre en orden y siempre a tiempo.

Difícil es que busquen justificarse por un trabajo mal hecho. Tienen una alta preparación técnica, muy superior a los estándares que la propia empresa belga manejaba para sus trabajadores. En palabras del mexicano, “era muy fácil trabajar con chinos”. Contrastaba esta experiencia con la misma posición que ocupó en la planta mexicana de la misma empresa.

Por otro lado, enfatizó el apoyo que el gobierno proporciona para la apertura de nuevas empresas. Habló de cómo se utilizan los aranceles para poder desincentivar las importaciones, especialmente tratándose de equipos tecnológicos y maquinaria. Para ello utilizó un caso que vivió durante su estancia en China. La empresa belga trabajaba con equipo que tenía una mínima tolerancia de piezas defectuosas.

La maquinaria utilizada provenía de Alemania. Un par de años después de abierta la planta en China, se debía cambiar uno de los equipos alemanes. Cuando se solicitó la cotización, importar el equipo era mucho más caro que comprar la misma maquinaria fabricada en China. Curiosamente, la maquina asiática tenía una tolerancia mucho menor a los defectos, que la máquina alemana.

En México tendríamos que hablar seriamente de una política de desarrollo industrial y económico que pudiera abarcar una mayor preparación técnica del personal mexicano, el apoyo a centros de investigación y desarrollo, el brindar todos los medios necesarios para la apertura de nuevos negocios, una reforma laboral que genere certidumbre a las empresas, así como el fomentar el desarrollo de actividades económicas por medio del uso de aranceles a las importaciones.

Esto podría generar un crecimiento económico sostenible en línea con el 4 por ciento que, en algún momento, el presidente López Obrador prometió durante su sexenio. Si pudiera crecer la economía mexicana a este ritmo, se generaría un genuino desarrollo y bienestar para los mexicanos, contrario al bienestar artificial que se pretende gestar por medio de los programas sociales.

gituartem@gmail.com

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