Una zona de despegue llena, un área de comida repleta y 200 globos emprendiendo el vuelo por el cielo leonés, además de un tráfico intenso: así fue como la gente de León vivió el penúltimo día del Festival Internacional del Globo.
Como siempre sucede en el Festival Internacional del Globo, la gente comenzó a llegar desde las cuatro de la madrugada. Alrededor de las cinco, el tráfico ya era intenso en las principales entradas del Parque Metropolitano. Los claxonazos y la lentitud de los vehículos fueron constantes conforme amanecía.
DESPEGUE
Al igual que los primeros días, uno de los globos que podía verse desde el otro extremo del parque era el del Osito Bimbo. Mientras amanecía, los globos comenzaban a volar, uno tras otro, mientras la gente que no llegaba a tiempo al lugar optaba por sentarse a la orilla del parque a ver los despegues.
Hubo quienes acampaban en tiendas, y quienes mejor dormían sin más protección que chamarras, cobijas y una que otra almohada. Para ellos, una noche gélida era un pequeño precio que había que pagar para disfrutar del festival.
Mientras los globos y los ánimos “se calentaban” quienes lograron acampar se despertaban para ver el despegue. En la zona principal había gente tomándose selfies, saludando con transmisiones en vivo desde sus celulares y desayunando, aunque fuera un café. Jóvenes disfrazados de Batman, Darth Vader, Chewbacca o Jack Sparrow deambulaban por los globos que volaban y se tomaban fotos con la gente. Así fue durante toda la mañana, entre diferentes números musicales.
Por la mañana, el tráfico para salir de las instalaciones del Parque Metropolitano fue constante. La labor de los oficiales de tránsito no cesó, hasta que poco a poco, el flujo de los vehículos se normalizó, pero entre el buen fin y las avenidas de la ciudad atiborradas, la gente siguió apasionada por el FIG.
