El 20 de abril de 1999 la forma de ver la educación y las aulas cambiaría para siempre.
Aquella mañana, dos adolescentes llamados Eric Harris y Dylan Klebold fueron responsables de uno de los actos criminales más terribles en Estados Unidos: ingresaron a su escuela, vestidos con gabardinas negras y sosteniendo armas de fuego, con el fin de provocar un aniquilamiento colectivo. En total fueron 15 muertos, incluyendo los dos perpetradores, además de 20 heridos.
Este evento sería conocido como la Masacre de Columbine.
Años después, el 23 de mayo de 2014, un joven de 22 años llamado Elliot Rodger asesinó de manera fría a seis personas e hirió a catorce valiéndose de disparos, puñaladas y arremetiendo con un vehículo. A este evento se le conocería como ‘2014 Isla Vista Killings’… lo que ocurrió después fue impredecible: asesino se convertiría en un modelo a seguir e incluso un ídolo para una subcultura enfermiza y tóxica conocida como los ‘incels’.
‘Incel’ es la conjunción de INvoluntary y CELibate, es decir, célibes involuntarios. Se trata de jóvenes varones que no logran establecer relaciones románticas o sexuales y generan un inmenso odio y resentimiento al sexo femenino y a quienes sí tienen vínculos sanos. Aunque no todos los incels son violentos, algunos sí llegan a cometer actos criminales y en el peor de los casos, asesinatos.
Hace años, todo esto ocurría en Estados Unidos, y en México lo percibíamos como un asunto muy lejano. Sin embargo, hoy en día, tanto los tiroteos como la subcultura incel son una realidad en nuestro país.
Esto es una crónica de los ataques incel en México, sus repercusiones, y lo más importante: que se puede hacer para prevenir actos que terminan cobrándose vidas y lacerando para siempre a la sociedad.
Hoy en día, con el caso de Osmar N., los tiroteos y la violencia escolar están más vigentes que nunca. Permanecen en la memoria colectiva, y por desgracia, parece ser un problema que llegó para quedarse.
FRUSTRACIÓN Y RENCOR
Uno de los casos más sonados de violencia incel en México ocurrió el El 22 de septiembre de 2025, cuando Lex Ashton Cañedo López, un joven de 19 años estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Sur en Ciudad de México, perpetró un ataque con un objeto punzocortante.
Ashton asesinó a Jesús Israel Hernández Chávez, estudiante de 16 años, y dejando herido a un trabajador de 65 años de la escuela. En su intento de terminar con todo, intentó saltar desde un tercer piso, pero su plan no surtió el efecto deseado y fue atendido por paramédicos.
Posteriormente, conforme avanzaban las investigaciones, se hizo público que Lex Ashton formaba parte de la subcultura incel. A través de foros en Facebook, Whatsapp y otras redes sociales, manifestaba su odio hacia las mujeres, y mostraba un evidente y abierto autodesprecio. Incluso evidenció lo que iba a hacer con su grupo de amigos que compartían su enfermiza ideología. Lo cierto es que prácticamente todos los incel tienen baja autoestima y han sufrido bullying, o acoso escolar.
Como toda subcultura, la incel tiene sus propios códigos, su léxico muy particular y su filosofía. Para ellos, la ‘manósfera’ son las comunidades en línea donde se discuten los temas que suelen abordar, como roles de género, relaciones humanas y un marcado odio a las mujeres y al concepto de feminismo. Tomando conceptos de la película ‘Matrix’ (que irónicamente es producto de la mente de dos mujeres transexuales) ellos afirman haberse tomado la ‘píldora roja’ y haber despertado, entendiendo, desde su perspectiva, como funciona la sociedad: el sistema está en contra de ellos.
En la cultura popular vemos varios ejemplos de incels. Tal es el caso de Jamie Miller en la serie ‘Adolescencia’ de Netflix, o Brady Hartsfield, villano de la saga de novelas ‘Mr. Mercedes’ de Stephen King: ambos son jóvenes violentos, misóginos y resentidos.
CASO RECIENTE
El segundo caso de un incel cometiendo actos violentos que terminan en asesinato, aconteció el 24 de marzo de 2026, en la escuela preparatoria Anton Makarenko ubicada en el municipio de Lázaro Cárdenas Michoacán, cuando Osmar N, un joven de 15 años, asesinó a dos maestras con un fusil semiautomático tipo AR-15.
Los hechos son recientes, pero esta es una recreación aproximada de lo acontecido: presuntamente, Osmar es hijastro de un elemento de la Marina, pero este ha negado que el arma de fuego sea suya. En la mañana, el adolescente llegó a su escuela, no sin antes presumirla en redes sociales. Una vez en el plantel educativo, Osmar se cobró dos maestras: María del Rosario de 36 años de edad y Tatiana de 37 años. A través de un comunicado, la preparatoria lamentó los hechos.
Poco después, se hizo público que el joven asesino también era adepto a la ideología incel, y admiraba criminales como Charles Manson.
Ante una situación tan grave, surge la pregunta: ¿qué hacer como padres de familia? ¿Qué hacer como profesores, vecinos, hermanos mayores o tutores?
La respuesta no es sencilla.
Uno de los mayores especialistas en el tema de tiroteos escolares es el doctor Peter Langman, que ha estudiado a fondo el fenómeno de los tiroteos escolares. En su libro ‘Warning Signs: Identifying School Shooters Before They Strike’ profundiza respecto a las señales de alerta que cualquiera debería tomar en cuenta. Asimismo, se ofrecen consejos en el sitio https://schoolshooters.info/
Una de las señales de alerta más claras, es que el futuro agresor hable con sus amigos de su posible ataque, ya sea para presumir, para advertirles que no se presenten ese día a clases, o en el peor de los casos, para reclutarlos. Hay quienes incluso suben a redes sociales su planes.
Las motivaciones de los jóvenes asesinos son variadas, pero sobresale la venganza por el bullying, o cobrarse injusticias que sufrieron, ya sean reales o percibidas. También está la envidia a los compañeros que tienen más éxito que ellos. Muchos de los asesinos padecen acoso escolar y son aislados socialmente.
La cultura incel y la violencia en las aulas son una problemática que se vive en Estados Unidos y México. Es deber de todos nosotros evitarla, pero mucho antes que eso, prevenirla.



