Decenas de vendedores y boleros que tenían permiso para trabajar en los jardines del Centro Histórico, ahora trabajan diariamente en las calles aledañas en su lucha por soportar la crisis económica.

La pandemia los dejó sin ventas durante abril y mayo, y la reactivación económica no fue como se esperaba, pues la autoridad no les permite que se use el Jardín Principal para descansar.

Los boleros ven pocos hombres con ropa de vestir y con esto sus servicios se desplomaron, señaló el señor José, uno de tantos trabajadores que fueron reacomodados por la autoridad sobre el bulevar Adolfo López Mateos.

“La mayoría de los hombres que antes usaban zapatos de vestir, ahora usan calzado más deportivo o urbano que no se bolea, las personas visten de mezclilla o pants deportivo”.

Muchos vendedores de alimentos como elotes y perros calientes han buscado por las noches nuevas esquinas cercanas al centro, pero no es la misma venta, declaró María, quien señaló que las noches en el centro son muy vacías, dado que los jóvenes y las familias ya no pueden pasear y sentarse a consumir un alimento.

Antonio, comerciante de perros calientes y hamburguesas, señaló que las ventas por las tardes son muy flojas, pues la población se está retirando a sus casas a temprana hora y no consume como antes.

La mayoría de los negocios en el centro están cerrando a las 8 de la noche y esto ocasiona que la población que termina de trabajar a las 6 ó 7 de la noche, decida ya no acudir al centro a realizar algunas de sus compras y afecta a todos los comerciantes.

Los jóvenes músicos y cantantes que se hacen llamar artistas callejeros, prácticamente desaparecieron, pues la autoridad les prohibió que la gente se reúna a verlos tocar su música.

Los jóvenes pintores, los bailarines de hip hop, los payasos, entre otros artistas urbanos tampoco han encontrado un espacio para poder trabajar.

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