
De nueva cuenta, en León se habla de un posible aumento al transporte público. Mientras los políticos de diferentes partidos debaten sobre el tema, y los empresarios del transporte lo colocan sobre la mesa, quienes más padecen la situación son los ciudadanos, quienes pierden tiempo y dinero ante un servicio que consideran malo.
Desde que surgió el Sistema Integrado de Transporte (SIT) y comenzaron los aumentos de forma gradual, ha habido activistas que se han opuesto de forma constante. Uno de ellos es Juan García Hurtado, representante de la organización Fuerte de Acción Ciudadana. En entrevista, y ante la pregunta de qué opina sobre un posible aumento, respondió de manera categórica que el servicio es muy malo, y que, en definitiva, no se han cumplido los acuerdos señalados para mejorar la situación de los usuarios:
“No han cumplido con los compromisos de la vez pasada. Nosotros hemos estado señalando mucho la tardanza de las unidades, la mala atención de los choferes quienes son muy groseros, muy déspotas (…) son muchas anormalidades. Por eso la gente se enfoca a otras a otras opciones de transporte, ese es un síntoma de que la gente prefiere mejor no perder su tiempo y opta por buscar otras alternativas”.
Por otro lado, García llamó a la acción ciudadana:
“Nosotros no lo vamos a permitir en la medida de nuestras posibilidades, estamos platicando con otras asociaciones civiles para hacer algo, porque si la autoridad no pone mano dura y no les pone un freno, entonces los ciudadanos, los usuarios, tendremos que actuar y tenemos que impedir que lo aumenten”.
CALVARIOS ENTRE ESTACIONES
Por un lado, está el tiempo. Por otro, tener que abordar de un punto a otro. Además, está el precio del transporte. También el hacinamiento en horarios pico, como las 7:00 de la mañana o las 6:00 de la tarde. Muchas son las quejas de los usuarios, y a decir de sus testimonios, escasas las respuestas.
Cada usuario, cada persona, cada alma, ya sea un niño acompañado de sus padres, una madre soltera, un adulto mayor, un obrero, un oficinista, una secretaria, un estudiante de bachillerato. Todos tienen una historia que contar desde que esperan el camión, mientras se trasladan, y cuando finalmente llegan a su destino.
Miguel Ángel Contreras y su madre son dos de ellos. Él tiene 21 años, y la señora, 64. Se dedica a ayudarla y atenderla, pues es diabética desde hace una década. Al no tener suficiente dinero para adquirir un coche, optan por el transporte público. De esta forma, se mueven desde su hogar, ubicado en Lomas de Medina, hasta el seguro u otros centros de salud.
“La bronca del transporte es que tenemos que esperar y abordar muchas veces. A veces, cuando hay mucho tráfico, hacemos hasta dos horas. Yo no puedo trabajar, es mi hijo quien me echa la mano chambeando en la obra (es decir, de albañil) y cooperando para la casa. Somos él y yo”.
Mientras la gente entra y sale de las estaciones de transferencia, es escucha en barullo constante de León en lunes por la mañana. Cada quien va a su destino, mientras se abre el debate sobre un posible aumento al transporte.



