Los alfeñiques son un aspecto fundamental del Día de Muertos. Durante estas fechas, vemos las tradicionales “calaquitas” de azúcar en todos los rincones posibles, ya sean mercados, oficinas, ofrendas u hogares. Pero… ¿Cómo se elaboran? ¿Cuál es el esfuerzo y la dedicación de darles forma y después venderlos?

La señora Teresa Manríquez tiene toda su vida dedicada a hacer alfeñiques en temporada de Día de Muertos. Su familia es la quinta generación dedicada a este noble (y dulce) oficio. Hoy en día, los niños y jóvenes de su familia aprenden el oficio que siempre destaca en estas fechas.

En palabras de Teresa, así se preparan los alfeñiques:

“Primero que nada, se prepara la mezcla, que es azúcar glas con grenetina y limón. Luego se bate. Todo es caliente. Ya después se prepara la masa y ya que está lista se moldea. Esto tarda en secar hasta un día. Al siguiente día se unen las piezas, ya que por lo regular son dos partes que se unen”.

Al siguiente día, las piezas se pegan con la misma pasa que ya ha sido previamente preparada. Después, se les ponen los adornos y nuevamente, se dejan secar. Ya cuando está bien seca se le da el color. Muchas veces hay un molde para los cráneos, que son de patol. Los adornos pueden ser de diamantina, papel metálico o los ojos de lentejuelas. Una calaquita puede hacerse en serie, y toma dos días su realización. La más económica está en 10 pesos, y hay otras más caras en 180 pesos por el esfuerzo que eso conlleva.

“La tradición se sigue manteniendo. Creo que este año está mucho más fuerte”, concluye Teresa, quien tiene su puesto en la Feria del Alfeñique, que estará hasta después de Día de Muertos, en 2 de noviembre.

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