Adentrarse en alguno de los más de tres mil callejones de la ciudad capital del Estado es otra experiencia sobre vista panorámica y de imagen hacia al interior de las entrañas citadinas, la del graffiti, mencionaron vecinos.
Ese fenómeno de pintura irreverente está impregnado en los muros de viviendas e inmuebles, donde sobresalen la mayoría de los callejones enclavados entre viejas casonas, vecindades y pequeños cuartos construidos con adobe.
Los callejones se localizan entre antiguos barrios y colonias, sobre todo del Centro Histórico y se pueden observar con notoriedad durante un recorrido por sus alrededores ubicados en Mexiamora, Pastita, Paxtitlán, Cata, Alhóndiga, Insurgencia, Tepetapa, Tamazuca, Banqueta Alta, Pardo, El Cantador, Nejayote, Galarza, Mendizábal, Positos, Carcamanes, Alameda, Alonso, Embajadoras, Sangre de Cristo, Subterránea Hidalgo, Pozuelos, San Gabriel, San Clemente, Dos Ríos, San Luisito, Santa Teresa y Padre Belaunzarán, entre otros sitios.
Recorrer los callejos es prácticamente una aventura a otro ámbito, alejado de la historia, cultura y turismo de tanta fama en la ciudad.
Es una especie de submundo de imágenes desordenadas y sin sentido, que aparecen en las fachadas de las viviendas ensimismadas y semi juntas, que se observan en constante ascenso y descenso por los estrechos y sinuosos callejones.
Los graffitis, son obras de irresponsables, vándalos que aprovechan el descuido de la vigilancia vecinal y policial para realizar sus pintas.
Cierto, llegan a ser manifestaciones de inconformidad de una sociedad juvenil desubicada y desorientada, pero la mayoría de las veces aparecen los graffitis con un pleno desorden con sus pintas, que no tienen la menor justificación, en opinión de vecinos consultados.
Señalaron que incluso denuncian a la Policía local la presencia de delincuentes, quienes realizan sus pintas, pero los agentes “nunca llegan a poner orden”.
A esa imagen gráfica se debe de añadir la basura acumulada con desperdicios y botellas de vinos rotas, que no recogen los empleados de Limpia y Aseo Público del municipio.
Por lo anterior, se generan fétidos olores que se impregnan en el ambiente y que llegan a lamentar visitantes, quienes se atreven aventurarse por los callejones de Guanajuato, donde encuentran la realidad con otra imagen citadina.
Comentaron que las pinturas del graffiti difícilmente se pueden borrar, pues por lo común permanecen mucho tiempo impregnadas en los muros de los edificios y casas, sin que la autoridad intervenga de alguna manera en labores de retiro y limpieza.




