
Llevamos siete años ininterrumpidos de escándalos políticos y sociales cada semana. No ha habido tregua para los mexicanos, por parte de los dos gobiernos de la 4T. Los casi seis años de AMLO y el primer año de Claudia Sheinbaum. No fallan las desvergüenzas por parte de los políticos del partido oficial MORENA.
Diversos casos de presunta corrupción, desvío de recursos, tráfico de influencias, uso electoral de programas sociales y presuntos vínculos con el crimen organizado cada día más evidentes. Han sido, tan sólo, algunos episodios que han generado severos cuestionamientos en el país, que contrastan la narrativa de la 4T del combate a la impunidad.
Gobiernos de la Cuarta Transformación, sin mecanismos reales de rendición de cuentas, el discurso anticorrupción corre el riesgo de convertirse en un recurso más de legitimación política, en lugar de una política pública efectiva y auténtica. En múltiples casos, la falta de consecuencias judiciales ha sido interpretada como una protección del ejecutivo federal, a figuras cercanas al poder.
El sometimiento total y absoluto del Poder Legislativo y Judicial al Ejecutivo Federal, ha convertido al Estado mexicano en un auténtico régimen autoritario, a un grado de dictadura política con el control de la autoridad electoral, subordinada al partido MORENA y al movimiento de la 4T. Sin ningún equilibrio político institucional.
Dentro del dominio y control político de las instituciones públicas, por parte del gobierno federal, el sistema de partidos se encuentra sumiso y entregado a la 4T, que ha logrado también, subordinar a la oposición política, a sus gobiernos estatales y municipales a base de dinero y prebendas, corrompiendo a todos y a todo. Todos sometidos al dominio y poder de MORENA y a sus socios el narcotráfico.
Hoy vivimos en México, un fenómeno de llamar la atención con el sistema de partidos políticos, donde tenemos partidos débiles y un partido fuerte y dominante, que somete y corrompe a toda la oposición, a su clase política y dirigentes. No hay condiciones ni manera alguna, de confiar en los actuales partidos políticos de oposición, para hacer frente a MORENA, ya que se han convertido en alfiles del oficialismo.
El futuro político en las elecciones intermedias del 2027 está en manos de los ciudadanos, que puedan convertirse en candidatos a diversos puestos de elección y si es posible, que puedan presentarse con nuevas opciones partidistas y refrescar la necesaria clase política del país. La movilización de nuevas personas en nuevos papeles de modernización conduce a una sociedad más amplia y a un México Nuevo.
La modernización también crea y lleva a la conciencia y actividad políticas a grupos sociales y económicos que no existían o se escondían en la sociedad tradicional. O dichos grupos, son asimilados o cooptados al sistema político, o se conviertan en una fuente de antagonismo y revolución contra el sistema.
El desencanto y hartazgo social, respecto a lo que hoy ofrecen los actuales partidos políticos de oposición, ya tocó fondo. Se necesitan nuevos partidos políticos, liderados por auténticos ciudadanos que representen al pueblo y no más, a los intereses de las corruptas dirigencias que tanto han lastimado y defraudado a la sociedad civil.
¿No cree usted?



