
Las llamadas “sillas Acapulco” son quizá uno de los diseños más populares de este puerto. Crearlas no es fácil: requiere tiempo, experiencia y paciencia. Aunque en el estado de Guerrero quienes se dedican a su manufactura abundan, en Guanajuato no son pocos, pero constantes y dedicados. Tal es el caso de Don Daniel Martínez, de 77 años.
El local de Don Daniel se encuentra en la calle Brasil en la colonia Obrera, cerca del Mercado Revolución y en frente de una estación de SAPAL. Desde lejos es posible ver las sillas tan características, tejidas con vívidos colores de Neón. A cada una le da su toque personal y único. También hace camastros para alberca. La gente de la obrera lo ubica y lo conoce como un tejedor de estas sillas tan únicas.
Mientras teje y teje, dándole forma a las piezas, cuenta su historia:
“Aprendí a hacer muchos tejidos, desde que me fui a Guadalajara. Corría el año 1965, y así me he dedicado a esto. Poco a poco le voy dando forma. Puede parecer sencillo a primera vista, pero como todo en la vida tiene su arte: primero se buscan las medidas, y se cobran las hebras que van de base. De esta forma es como la silla o cualquier otra pieza va quedando. Tiene que ir todo estirado para que quede bien. Aquí en León lo que utilizo es el plástico tipo rejilla, pero también me lo traen de Guadalajara”.
“Yo ya tengo mis clientes. Por suerte, me cae mucha chamba. No me he metido a eso de internet, y las redes sociales. En la colonia Obrera ya me conocen y saben de mi trabajo, porque la casa en la que vivo la construyó mi papá, que era de Jalisco. Mi padre empezó y le salió bien. Hoy en día hay muy pocos tejedores de sillas, yo creo que quedan como tres o cuatro familias”.
La famosísima silla Acapulco, que cobró fama gracias a películas de los sesenta y setenta, requiere mucha concentración. Así lo explica Don Daniel:
“La silla Acapulco, para construirla, primero hay que darle forma al armazón con varilla lisa de media pulgada. Hubo un tiempo que yo la soldaba, pero a mi edad ya no me lo permito y mejor tengo un herrero. Una vez que se le ha dado forma, se va tejiendo y estirando hasta que se convierte en la silla como todos la conocemos. Hay que usar un armazón fuerte, si no luego se pandea. Una silla, si la empiezo a las 7:00 de la mañana, a las 6:00 ya está. Los colores son al gusto del cliente. Me vienen a comprar hasta quiroprácticos”.



