
Como cada año, las calles de Barrio Arriba se llenaron de colores y sabores, pues se conmemoró a San Nicolás de Tolentino, en la festividad que todo León conoce popularmente como ‘El día de los panecitos’.
Desde las seis de la mañana comenzaron las celebraciones religiosas, a la par que las y los comerciantes colocaban sus puestos. También, quienes vendían canastas a diferentes precios, para llenarlas de los panes.
Había de todo para escoger, a tres por diez pesos: conchas, polvorones, mantecadas, bolillos, teleras, paletones, brownies, donitas… había de todo para elegir, y para llevar los panes a bendecir, pues según la tradición católica, estas piezas de alimento ayudan contra enfermedades.
En las añejas calles de Barrio Arriba hay todo tipo de panes en miniatura, ya sean dulces o salados. La gente compra canastas donde lleva los panecillos en espera de la bendición, para seguir con la fiel costumbre que se ha mantenido durante años y solo se limitó con la pandemia del coronavirus.
La panadería más antigua y característica de Barrio Arriba es La Muñoz, atendida por la familia de dicho apellido desde hace más de ochenta años. En dos décadas más, será un siglo de hornear panes y ofrecérselos a la gente.
María Cruz Muñoz, quien ha atendido durante toda su vida la panadería, recuerda que comenzó a trabajar junto con su equipo desde antes que saliera el sol. Prepararon mantecadas y bolillos.
Hace años, había muy pocos puestos, y el único pan que se vendía era el que se conoce como ‘de agua’, pero con el paso de los años la costumbre se hizo más grande: aumentaron los puestos, crecieron las panaderías y los tipos de pan. Hoy en día hay juegos mecánicos, muchísimos puestos y algarabía durante toda la mañana, la tarde y la noche.
Durante todo un día la gente compra sus productos y los saborea o bien, esperan a que el sacerdote les otorgue la bendición.
Hasta el día de hoy, junto con el Día de los Inditos, esta es una de las costumbres más antiguas y perdurables de León.



