
Los organilleros son músicos que amenizan las plazas públicas de la ciudad desde hace años, llevando un repertorio de piezas populares, sin embargo esta tradición poco a poco se ha ido perdiendo en la actualidad.
En entrevista con el señor Héctor Gallardo quien tiene más de 40 años siendo Organillero, mencionó que esta profesión la trae desde nacimiento, pues lo heredo de su abuelo y papá siendo él la tercera generación.
Su familia quienes se dedicaban a esta actividad, llegó a la entidad leonesa en 1965 provenientes de la Ciudad de México, agradándoles León por ser en ese entonces un pueblito como el señor Gallardo lo platica.
“Les gustó la ciudad porque era tranquila y pequeña, se enamoraron de la ciudad y se quedaron aquí en León, trajeron sus organillos de México y aquí se establecieron”.
Explicó que alrededor de los 11 años de edad, comenzó ayudarles a su papá y abuelito, para tiempo después exactamente a los 15 años tomar las riendas de esta profesión por sí solo.
Para él, ser Organillero representa un oficio pues reiteró que le gusta lo que hace aunque dejó en claro que tiene sus desventajas al no contar con ningún seguro social, Infonavit, ni nada por el estilo, es meramente el amor a su vocación.
“No trae nada de eso, no trae para adquirir una casa de Infonavit, un seguro médico, nada por el estilo, es como una aventura cada día”.
De sus seis hermanos fue el único que siguió el legado, ya que ellos lo intentaron por muy poco tiempo pero decidieron elegir otro camino laboral.
“Yo me quedé aquí, aquí voy a seguir hasta que Dios me dé licencia, a ninguno de mis hijos les gustó, los traía aquí algunos días cuando estaban de vacaciones en la escuela, ahora son adultos y no puedo decirles que se vengan, no les gustó”.
Don Héctor se ubica en la calle Madero antes de llegar al Jardín Principal mismo lugar que lo ha visto durante un tiempo de alrededor de 38 años; explicó que anteriormente su lugar de trabajo era cerca del edificio que hoy se conoce como la ex cárcel ubicada en la calle Belisario Domínguez y Justo Sierra en el Centro de León.
“Un día me puse por acá (calle Madero) y se me hizo más angostita la calle y tranquilita y como nuestros organillos entre más pasa el tiempo se oyen menos, por allá hay mucho tráfico, me vine porque se oyen más los camiones que el propio organillo, aquí me instalé, empecé a tocar y desde esa fecha para acá estamos tocando”.
También explicó que esta actividad es su sustento para sobrevivir y aunque reconoce que ya se cansa por estar de pie y tocando el organillo, puede sacar de su trabajo poco o mucho para lo que requiere.




