De entre todas las fiestas religiosas que hay en León, una de las favoritas y más pintorescas es la de San Nicolás de Tolentino. Desde hace años, cada 10 de septiembre las calles del Barrio Arriba se llenan de puestos que ofrecen diminutos panecillos, como conchas, mantecadas, orejitas, hojaldras o bisquets. Esta es la historia de una tradición que perdura y persiste.
Desde temprano, las panaderías montan sus puestos. Hay todo tipo de panes en miniatura, ya sean dulces o salados. La gente compra canastas donde lleva los panecillos en espera de la bendición, para seguir con la fiel costumbre que se ha mantenido durante años y solo se limitó con la pandemia del coronavirus.
Una de las panaderas que más tiempo lleva manteniendo viva y constante la tradición es la señora María Cruz Muñoz, de la panadería que lleva su apellido, ubicada en el pleno corazón de Barrio Arriba. Durante más de ochenta años se ha mantenido en pie, no solo durante la fecha que hoy nos ocupa sino también durante otros importantes eventos donde el pan ocupa un papel primordial, como Día de Reyes o Día de Muertos.
Sobre el día de San Nicolás dice: “para nosotros este día implica muy buenas ventas el que la gente venga a bendecir su pan. Originalmente, el pan tradicional que la gente venía a bendecir era el pan de agua, pero con el paso del tiempo empezaron a hacer de todo tipo de productos en miniatura. Desde pequeña, mi papá, que todo el tiempo había sido panadero, me pedía que le ayudara. Pero en ese entonces solo se hacía el pan de agua. Hoy en día hay toda una variedad. Nosotros como panaderos nos preparamos desde tres días antes, y el mero día los seguimos haciendo”.
Sobre esta tradición la colección de ‘Leyendas de León’, dirigida por el experto en el tema Gerardo Lara, señala en su número 11:
“La devoción a San Nicolás de Tolentino llega a León por el año de 1801. Sí… hace más de 200 años, cuando por el mes de enero se comenzó a construir una Capilla para su veneración en el Barrio del Santo Cristo, hoy mejor conocido como Barrio Arriba, la cual se terminó hasta 1848. Durante 95 años la celebración de bendecir el pan chiquito, pasaba casi desapercibida, pero en 1896 en vísperas del centenario de la fundación del templo, a este se le hacen unas remodelaciones y la celebración empieza a tomar mucho auge y cada vez más los devotos van en aumento. A la fecha, otros 100 años después, esta es una de las tradiciones más arraigadas y concurridas en el hermoso León”.



