Tengo sentimientos encontrados en cuanto a la participación de la “dreamer” Astrid Silva en la respuesta al primer discurso que pronunció Donald Trump al Congreso legislativo de los Estados Unidos de Norteamérica. Astrid fue elegida por el partido demócrata para contestar en español al mandatario norteamericano. Astrid exigió al presidente Trump, un mejor trato para todos los migrantes no sólo de México, sino de todo el mundo, quienes finalmente han poblado todo el territorio de allende la frontera. En los medios se ha dado a conocer la trayectoria de Astrid. Llegó a los Estados Unidos a los 5 años, proveniente de Durango. Viajó en una balsa formada de llantas viejas, para cruzar por el río Bravo. Es hija de una empleada doméstica y un jardinero. Ingresó a la escuela sin saber inglés y a base de empeño y de leer el periódico, logró aprender una segunda lengua que le llevó a estudiar tecnología, a espaldas de sus padres. Posteriormente, estudiaría una carrera universitaria y se convertiría en activista en la defensa de los derechos de los migrantes.
Se trata de un verdadero ejemplo de esfuerzo y progreso, de ahí que el presidente Barack Obama la haya mencionado como referencia en un discurso que la catapultó a donde está ahora. Y a todo esto, ¿qué es eso de ser dreamer? Pues bien, dándonos a la tarea de investigar un poco sobre tal expresión, ser “dreamer” es ser un soñador, una persona que aspira, que imagina, que cree. Una persona que evidentemente quiere alcanzar lo que sueña. De ahí, que se utilice tal acepción para hacer alusión a todos los migrantes provenientes de otros países que quieren alcanzar el tan preciado “sueño americano”.
Astrid, al igual que muchos indocumentados que no estaban conformes en sus países, viajaron a Norteamérica con la intención de vivir en un ambiente distinto al que tenían en sus lugares de origen. Tener no sólo que comer y qué vestir, respirar un aire distinto, ver paisajes como los que aparecen en las películas de Hollywood, sentirse como en un musical de Broadway. Pero, ¿y si no todos soñamos con lo mismo? ¿Si queremos trabajar en nuestro propio país? ¿Si queremos intentar, a pesar de nuestras limitaciones, de los terrenos áridos que nos rodean, cosechar los frutos de las raíces que hemos intentado esparcir? De acuerdo con que en la mayoría de los países latinoamericanos no se nos ofrecen suficientes oportunidades de desarrollo, que los políticos hacen de las suyas, que los sueldos están mal pagados y nuestras capacidades también están mal ponderadas, pero el amor a nuestra patria y a nuestros orígenes, nos hace soñar en un futuro distinto, aquí, en México. Desde que se preveía la llegada de Donald Trump a la presidencia de nuestro vecino país, se percibía un ambiente de desencanto, temor y hasta odio racial que el ahora mandatario fue sembrando paulatinamente en la mente de los norteamericanos.
Si bien Silva no fue ovacionada, ni su mensaje causó un gran impacto mundial, el simple hecho de haber subido al escenario y haber hecho llegar su mensaje al mundo entero, recordándole no sólo al recién electo presidente, sino al Congreso de tal país, que todos merecemos un trato digno, ya se logró un gran avance. La edificación del muro divisorio es casi una realidad. La deportación de “dreamers” nos representa también un verdadero reto. Tenemos que soñar que de este lado, sí podremos, sí lo haremos, sí lo lograremos.
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A Soñar Realidades
SourceHeraldo de León




