Los partidos políticos se aprestan a participar en las elecciones del año venidero, que implicarán a un gran número de candidatos que deberán prepararse para enfrentar los complejos problemas planteados por una realidad con transformaciones de tal magnitud, que ni las llamadas sociedades avanzadas pueden enfrentar exitosamente y, lo más inquietante, es que no aciertan a medir las dimensiones de una crisis dinámica, cuyos efectos, ahora sorprendentes, pueden llegar a longitudes insospechadas.
En tanto la mayoría de los actores esperamos que las cosas vuelvan al estado anterior, suponiendo que las condiciones para que eso ocurra, no han variado o lo han hecho en tal grado, que lo único factible es esperar. Esta forma de pensar elude la interpretación de la dialéctica, que nos explica un mundo en movimiento, en tanto que la mayoría nos pasa desapercibido, que la única constante es que todo cambia y que los cambios en la cantidad, traen aparejados cambios en la cualidad y viceversa.
El pensamiento generalizado de la sociedad tiene una apreciación equivocada de la realidad que estamos viviendo. La vocación por la comodidad nos lleva a concluir falsamente, porque confundimos lo que deseamos con lo que científicamente habrá de ocurrir. La disciplina ausente lleva a la sociedad a la búsqueda de soluciones deseables más no verdaderas. El pensamiento mágico, alimentado por los cambios vertiginosos generados por el éxito de la ciencia aplicada nos sumerge en actitudes pasivas, en las cuales, las élites son también víctimas de las consecuencias de abandonar el pensamiento lógico y entregarse a la embriaguez del poder, que da el éxito económico.
Si tenemos un concepto equivocado de la realidad y los líderes no son ajenos a él, es tiempo de tomar acciones tendientes a lograr que los jóvenes con la adicción a las drogas y las élites enajenadas por el poder del dinero y el éxito social, sean capaces de volver a la realidad para entender al mundo como es; sean capaces de tomar decisiones certeras, para mitigar la violencia y la desigualdad, sin que trastoquemos de tal manera al mundo, que nos sumerjamos en el desvarío, sin retorno.
Reeducar, para concientizar de la importancia de adoptar el pensamiento lógico, como camino certero, para actuar como seres capaces de pensar, con aspiraciones lógicas a la libertad y a la felicidad.
El Estado debe concitar a las élites, para que el Gobierno en todos sus órdenes esté al nivel de congruencia; para que las leyes y las acciones del Gobierno estén al servicio de la realidad y, a partir de ellas, transformarla para bien de nuestra condición de seres potencialmente racionales.
Se requieren gobernantes con vocación democrática, pero con sólido pensamiento lógico, es el desafío para adoptar la reeducación social, como forma de volver a la cordura.



