Es un título adecuado para lo que esta sucediendo (Película que se estrenó en 1973).
México vive la realidad de su destino.
Nuestra sociedad jamás se preocupó por el futuro.
Siempre hemos vivido con la esperanza de que algún día “alguien nos rescatará”. Una especie de mesías salvador que quitará todos nuestros problemas.
Mientras esto sucede, la élite del poder aprovechó la credulidad, sumisión e ineptitud del pueblo para enriquecerse. Poco a poco sin darse cuenta fueron acabando la gallina de los huevos de oro, sexenio tras sexenio edificaron castillos en el aire sin preocuparse en tener una estrategia para el crecimiento y fortalecimiento de las finanzas del país. Creímos en la leyenda del “cuerno de la abundancia” y así continuamos; nadie ha tenido en mente un proyecto de nación unida, culturalmente fuerte. Se crearon cotos de poder, fraccionado al país en partidos políticos, repartición de bienes (tierras), territorios y personas. Utilizaron los recursos naturales para fortalecer la economía pero la comprometieron y dejaron que sus acreedores se robustecieran (petróleo, minas, ferrocarriles). Buscaron una salida fácil a través del mercado de las drogas, dinero manchado con la sangre de muchas vidas desafiando las leyes y la Constitución; no aprendimos de los vecinos colombianos.
Hemos sido candil de la calle y obscuridad de nuestra casa. Permitimos, a través de la historia, que los gobiernos (desde nuestra “Independencia”) introdujeran agentes extranjeros que sedujeran los oídos y las carteras de nuestros representantes y consentimos que espiaran e influyeran en el rumbo de nuestra nación.
Personajes como Joel Roberts Poinsett con López de Santanna, Guerrero e Iturbide. En la Revolución Mexicana la intervención de magnates estadounidenses como Carnegie, Rockefeller, Vanderbilt, Morgan, Ford, los ingleses (Lord Cowdrey) y alemanes. En la decena trágica con el embajador americano Henry Lane Wilson quien contribuyo en gran medida al asesinato de Francisco I. Madero y modificaron el rumbo del país.
Hoy continúa esa influencia y codependencia.
Tuvimos a su debido tiempo consejos que fueron desechados y que nos advirtieron lo que sucedería.
Basta profundizar un poco en el conocimiento de la historia de México y España para llegar a una triste conclusión: los malos gobernantes que hemos tenido a lo largo de los siglos, más interesados en su fortuna personal o en el disfrute de los placeres terrenales que en el gobierno de la nación.
Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, un gran político y pensador español fue la excepción, propuso en 1783 a Carlos III la división de las colonias americanas en tres estados independientes y la unión con España en una gran Federación e hizo el comentario con respecto a la nueva nación americana:
“Esta república federal nació pigmea, por decirlo así y ha necesitado del apoyo y fuerza de dos Estados tan poderosos como España y Francia para conseguir su independencia. Llegará un día en que crezca y se torne gigante, a un coloso temible en aquellas regiones. Entonces olvidará los beneficios que ha recibido de las dos potencias, y sólo pensará en su engrandecimiento… El primer paso de esta potencia será apoderarse de las Floridas a fin de dominar el golfo de México. Después de molestarnos así y nuestras relaciones con la Nueva España, aspirará a la conquista de este vasto imperio, que no podremos defender contra una potencia formidable establecida en el mismo continente y vecina suya”.
Palabras de verdad que nunca fueron escuchadas y que ahora son una realidad, una realidad que asfixia y agobia.
El gigante ha despertado y los abusos de nuestros gobernantes sus despilfarros a costa del patrimonio nacional permitieron el retraso, analfabetismo y corrupción de la sociedad.
Hoy tendremos que pagar la factura.
El Tratado de Libre Comercio ha llegado a su fin, como la fábula del “best seller”, por Spencer Johnson, 1998: ¿Quién se ha llevado mi queso?
No debemos negociar migajas ni buscar apoyos en relaciones que han estado siempre unidas desde la formación del “Commonwealth” (Mancomunidad) inglés del que en algún momento Estados Unidos y Canadá formaron parte (o siguen de alguna forma ligados).
El presidente de Estados Unidos es claro y lo demuestra con acciones hacia nuestro país y con las actitudes en contra de la inmigración, al resto del mundo.
México y los mexicanos habremos buscar nuevas relaciones, caminos y puentes. Debemos empezar por nosotros: la sociedad y principalmente por nuestros gobernantes. Definidos ampliamente por la Senadora Layda Sansores San Román, para que corrijan sus conductas y busquemos el mejor camino. Es hoy que tenemos una gran oportunidad para crecer y salir del vericueto en el que nos encontramos.
Dignamente deberemos despedirnos y continuar el camino.
Por lo pronto seguir demostrando que unidos podemos hacer la diferencia. Aprovechemos esta oportunidad.
¡Hasta la próxima!
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