
Durante la Carrera Espacial, muchos niños soñaban con conocer a los astronautas, o incluso, que respondieran a sus preguntas. Uno de ellos hizo realidad esa fantasía. Su nombre fue Agustín Dávalos, y por años se carteó con los astronautas, quienes le enviaron fotografías autografiadas.
Durante los años sesenta, todo el planeta estaba al pendiente de la Carrera Espacial.
El padre de Agustín fue fotógrafo de Lázaro Cárdenas, y sus hijos, Agustín el menor y Juan Manuel el mayor, heredaron ese interés y pasión por capturar imágenes. Mientras Juan se enfocaba en la arquitectura, Agustín se interesaría por la Carrera Espacial y los astronautas.
Un día, tomó la foto desde la televisión de John Glenn, el primer estadounidense en orbitar sobre la Tierra. La imagen era muy buena para tratarse de la época y que su autor fuera un niño de 13 años, de modo que se la mandó a su ídolo. Como era predecible, ni su hermano ni sus padres esperaron nada.
Semanas después, Agustín recibió una carta, con el remitente de la oficina de Glenn, quien le devolvía la foto… autografiada de su puño y letra. Con el paso de los años seguiría el contacto con la NASA. Recibió imágenes autografiadas por Armstrong y su equipo, la tripulación del Challenger y hasta Neri Vela.
Agustín ya falleció, pero Juan recuerda la emoción de su hermano menor. Hoy en día tiene 70 años y conserva los sobres y las fotografías, como un valioso registro de lo que ocurrió el 20 de julio de 1969.
“Hasta el día de hoy me pregunto cómo fue que la NASA le hizo caso a un muchacho de 13 años. Durante 53 años le siguieron enviando fotos. Tuvo correspondencia permanente con ellos”, recuerda Juan Manuel.
“De cada vuelo mi hermano tomaba fotos, y como respuesta, la Administración Nacional del Aire y el Espacio se las respondía autografiadas. Fueron un total de 105. Incluso llegó a conocer personalmente a varios astronautas, pues lo mandaron a la NASA. Saludó también al primer astronauta mexicano, Rodolfo Neri Vela”.
CÓMO SE VIVIÓ EN LEÓN
El 20 de julio de 1969, León era una ciudad fantasma.
“Ese día el mundo entero se paralizó. Todos veíamos imágenes que comparadas con las de hoy en día serían muy defectuosas. Nos juntamos en la casa para ver el evento, y mi hermano fue el maestro de ceremonias, explicándonos todo. Cuando Armstrong pisó la Luna muchas personas se quitaron el reloj de muñeca y lo golpearon, para que quedase detenido y así, guardar el instante de recuerdo”.
Así lo recuerda Dávalos, siendo una de miles de personas a quienes les tocó presenciarlo. Los bares, cantinas y restaurantes estaban a reventar. La gente que tenía radios escuchaba con atención, y los que tenían televisión a blanco y negro, miraban y escuchaban las imágenes y las palabras.
Debido a que sólo las personas de clase pudiente tenían tele, las tiendas de electrónicos en la Zona Centro tenían decenas de mirones observando desde los aparadores. Cuando todos supieron que El Eagle aterrizó en Base de la Tranquilidad, hubo alegría, emoción, llanto.
Días antes, EL HERALDO publicaba una carta de Armstrong a todos los medios impresos, donde detallaba lo que se requería para ser un astronauta.
EL HERALDO del día siguiente publicó como primera plana la noticia: “LO LOGRARON”, seguido de “El primer ser humano pisó la Luna”. Gustavo Díaz Ordaz, el entonces presidente de México, felicitaba a los astronautas por la hazaña. La empresa “Refrescos del Bajío” felicitaba a los astronautas con un anuncio de una plana, que decía “Rumbo al infinito…” La distribuidora Gómez, ubicada en López Mateos 102, vendía relojes Omega e invitaba a sus clientes a usar el mismo reloj que los astronautas.
Todo fue felicidad. Hoy en día, a 5 décadas, los sentimientos se multiplican por 50.
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