Minche es el nombre de mi perrita Pomerania (también conocida como Spitz enano alemán o Lulú de Pomerania que recibe su nombre de la región de Pomerania central, actualmente en Polonia). Es una raza que consideran “toy” porque, aunque en sus orígenes llegó a pesar 10 kilos, los criadores caninos, adaptaron la raza a la vida urbana, mejoraron su pelaje y redujeron la talla hasta llegar al kilo y medio, máximo 3 y medio.
Se llama así porque cuando mi papá la conoció, era tan chiquita, que dijo que era un (perdón la palabra) “pinche” perro… y para que no se oyera tan feo, ¡le pusimos “Minche”! ¡ja, ja!
Mide como 30 centímetros de alto, su cabeza es triangular, lo que le da un aspecto zorruno. Tiene el hociquito levantado, pequeño, con la nariz muy negra. Sus orejas son picudas y con su movimiento, te puedes dar cuenta de su estado de ánimo.
A mí me parece muy linda. Ahora con la edad (ya tiene 11 años conmigo) se ha puesto muy esponjado su dorado pelo con algunas partes, como su barba o su panza, con tonos blancos como la nieve. ¡Da gusto acariciarla! Cuando llegó a la casa, era como una bolita de pelos con ojos, adorable.
Sus ojos son como unas caniquitas cafés con negro, con sus orillas almendradas, despiertos, vivarachos… todo el tiempo parecen cuestionarte: ¿Qué vas a hacer? ¿Estás segura? ¿Crees que es lo correcto?… pero también parecen decir: ¡Disfruta! ¡Ten calma! ¡Todo pasa! ¡No te preocupes!
Ella es muy chiquita, pero se siente un perro grande, y ladra cuando oye ruidos o cuando alguien se acerca, y sigue a los perros grandes y ladra con ellos como si me pudiera defender igual.
También le gusta correr detrás del cuatriciclo o de cualquier carro, como buen perro, ladrándole a las llantas. Y corría y corría hasta que nos alcanzaba.
Era muy inquieta, corría y se subía a todos lados, ahora que es viejita, ya le cuesta más trabajo caminar, como si le dolieran sus patitas y hay que cargarla para subirla al sofá o a la cama… ¡a veces hasta las escaleras le cuestan trabajo! Me impresiona, cómo podemos ver en nuestras mascotas, un resumen de nuestras propias etapas de la vida.
Es “mi” perrita, literal, porque a pesar de que en mi casa tenemos otras dos (una shetland collie y una mezcla de french poodle, que recogimos de la calle), la Minche me sigue a toooodos lados, llega a ser casi mi sombra. Si no me ve, me busca y llora. Si por casualidad la dejé afuera de donde estoy, rasca la puerta y aúlla, literal como un lobo, hasta que le abro. Si se me olvida bajarla de la cama, aunque tarde yo dos minutos, empieza a maullar, como si fuera un gato. ¡A ratos me da risa, pero también a ratos, cuando ando deprisa, me desespera! Cuando la saco a pasear, no necesita correa, porque va justo detrás de mí.
Y he pensado, que tal vez, lo que tiene que enseñarme Minche en esta vida, es que yo quisiera ser como ella en mi relación contigo, mi buen Dios: no separarme de ti, ni un instante; buscar, buscar y buscar hasta encontrarte siempre; agradecer lo mucho que me das; seguir tus pasos como si fuera tu sombra; llamarte cuando te necesite… y seguirte llamando y pidiendo hasta que me tomes en tus brazos y me consueles; dejarme acariciar cuando tú quieras; defenderte invariablemente; sentirme grande, aunque sepa que soy pequeña, porque tú estás conmigo.
P.D. ¡Feliz Día del Padre a todos mis lectores! Creo que en México es casi fiesta nacional el Día de las Madres, pero no se le da su debida importancia a los papás… tan no se le da, que la fecha cambia. Y pienso que es no reconocer que sin los hombres, tampoco estaríamos hoy aquí.




