jueves, septiembre 3, 2026
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“Teibolera casi por elección…”

“Yo no, no tengo claro nada, tengo miedo, no me acobardo, aunque tenga miedo, no soy cobarde, voy a escribir esta historia aunque me tiente la idea de autocensurarme. Cuando ponga punto final todo acabará”.

     Para comenzar esta crítica – reseña – historia – recomendación, solo puedo decir que yo y el vodka no tenemos buenos recuerdos. No, a los 17 años uno no está capacitado ni para tomar ni para amar… bueno, eso realmente a ninguna edad. Sin embargo, cuando estás como drogada, extasiada, enloquecida por los pasillos y estantes de la Feria del Libro buscando en qué invertirás tus ahorros y quincena, de repente el sugerente título de SEÑORITA VODKA (2013) te embriaga y enamora, y sabes que se irá contigo a casa. Así sí, el vodka parece una buena elección.

     Tal vez es parte de lo que dice la contraportada, “teibolera casi por elección… sus encuentros con cinco hombres…”, y te llega de golpe el recuerdo de tu primera y hasta ahora única vez en un teibol, allá por el 2005 en Guadalajara. Ibas con un grupo de gringuitos, hombres y mujeres de más menos 18 años, que como parte de su viaje de intercambio estudiantil y cultural, decidieron ir a un teibol mexicano y hasta un dólar te dieron para colocar delicadamente en el resorte de esa chica que bailaba y se veía como una diosa. Saliste de ahí con los ojos de huevo estrellado entendiendo perfectamente porque los hombres dejaban ahí su cartera. Las fantasías que se ofrecen y venden parecen imperdibles, aunque cuando se apaga la música y se prenden todas las luces, la magia se desvanezca entre humo se cigarro, rímel corrido y vasos con restos de cubas.

     Sin dudarlo me llevo el libro de la escritora Susana Iglesias (Ciudad de México, 1978), quien en diferentes entrevistas ha dicho que tardó poco más de 5 años en escribirlo como un homenaje a las teiboleras, la noche y sus personajes marginales, y de pasada, a los escritores rusos que admira.

     Empiezo a leer, y como buena obsesiva-compulsiva que soy, trato de encontrarle orden y estructura a las 212 páginas que componen esta historia, pero supongo que estos 55 mini capítulos son como los pensamientos que van de un lado al otro, empiezan en cosas claras, sencillas y terminan en las profundidades del alma después de viajar hacia arriba, abajo, presente, pasado, pasan por cosas irrelevantes y jodidas.

     Así, entre sexo, tacones de aguja y mucho vodka, cada capítulo es la pieza de un rompecabezas que el lector tendrá que ir armando mientras avanza en la lectura. Susana dice que el libro es arriesgado como Señorita Vodka, quien camina al filo de la navaja, y quien aunque tenga miedo se arroja. Y sí, así es el libro, se arroja con una mezcla de técnicas y géneros (epistolar, monólogos, diálogos), y nos va contando sin orden, fragmentos de la vida de una chica que como cualquier otra se enamora, se equivoca, escribe, baila, y tiene su refrigerador lleno de vodka y agua quina.

     La experiencia de ir a un teibol nunca la cambiaré por nada, pero si por alguna razón eso no le es tan fácil, Señorita Vodka está dispuesta a bailar para usted, entre párrafos y letras.

Correo: lidia.almanza.orozco@gmail.com

Twitter: @LibrosLidia

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