La Plaza de las Vigas es un sitio reconocido y de gran tradición para los leoneses debido a que es el punto en donde se puede encontrar mano de obra para trabajos de construcción.
Desde hace más de 55 años, albañiles, fontaneros, cargadores y hasta macheteros (podadores), se reúnen todas las mañanas en esta plaza de uno de los barrios más tradicionales de León: el barrio de San Juan de Dios.
Ubicada sobre el boulevard Mariano Escobedo, entre las calles Ignacio Altamirano y Juan Valle, la convertían en un punto estratégico y céntrico en el que la ciudadanía leonesa que necesita algún trabajo de construcción ya ubica y busca personal ahí.
Actualmente, el grupo de trabajadores que cada mañana llegan desde las 6:30 de la mañana es de 20 a 30, esto según información del “catracho”, uno de los trabajadores que esperan a ser requeridos en la plaza.
Los que ya son contratados muchas ocasiones ya se van directamente a sus trabajos y una vez terminada aquella “chambita” regresan a ‘la base’ de trabajadores.
Desde los 15 años
Un ejemplo de esto lo puso Licho, un señor de 66 años de edad, quien compartió con este diario que él llegó desde que tenía 15 años a la plaza de las vigas a ser contratado para empezar su vida laboral.
A lo largo de toda su vida a estado ahí repitiendo la rutina de ser contratado, terminar el trabajo, regresar a la plaza y volver a ser contratado; siendo esto, una especie de círculo vicioso que durante toda su vida le ha dado el pan de cada día.
Por otra parte, la plaza de las vigas es un punto de trabajo hasta para algunos habitantes de Silao, tal es el caso de Joaquín Mendoza, quien vive en el Refugio de los Sauces.
El tiene 20 años trabajando en la plaza de las vigas y señaló que ahí ya van a buscarlos las personas interesadas, pues llegan preguntando por fontaneros, cargadores, albañiles y los que saben de eso, “agarran la chambita”.
Aseguró que de los 30 trabajadores que son, todos son de distintas zonas de la ciudad, y al igual, las personas que van a contratarlos residen en todas las zonas de la ciudad y a veces a las afueras de la misma.
Joaquín mencionó que le podría quedar más cerca buscar trabajo en el centro de Silao, pero dijo: “vengo a buscar la vida”.
Sólo es mala fama
Él no fuma ni toma, y destacó que lo más importante de su trabajo es hacerlo de manera honesta, pues así se gana la confianza de volver a ser contratado.
La mala fama que llegan a tener los albañiles de flojos, tomadores, fumadores y groseros con las señoritas, señaló que es sólo por unos cuantos que sí tienen esas conductas, pero aseguró que no todos son así, y que la clave de destacar en su labor es por su seriedad al momento de trabajar.
A partir del lunes, los albañiles ya no estarán en la tradicional plaza de las vigas debido a que será remodelada y tendrá otro giro.
Ellos, serán removidos a la plaza ubicada del otro lado de la acera en la calle Altamirano, ahí hay un kiosco frente a la funeraria Ureña.
El grupo de 3 trabajadores entrevistados por parte del Heraldo señalaron que hasta pondrían un pequeño letrerito que indicaran que se cambiaron para enfrente.
Ante esto, Pedro, un vecino desde hace más de 50 años del barrio opinó que esa remodelación y remoción ya era necesaria debido a que muchas personas llegaban a tomar o a fumar, incluso, algunas personas solo iban eventualmente por temporadas y se dedicaban a robar, haciéndose pasar como trabajadores.
El tema de la delincuencia, señaló que es en toda la ciudad, y ellos como parte de la marcha urbana también se han visto afectados.
Por otra parte, aseguró que el hecho de que los trabajadores estén ahí parados o sentados esperando a ser contratados es una tradición muy arraigada pues desde que llegó a San Juan de Dios en el año de 1969 ya estaban ahí.
Origen de “las vigas”
La señora Lourdes, por su parte es otra de los habitantes de muchos años en el barrio, pues habita ahí desde hace 50 años.
Ella compartió con el Heraldo que el nombre de “la plaza de las vigas” tiene 3 teorías:
La primera menciona que el lugar era el sitio perfecto para encontrar vigas de madera para la construcción, pues abundaba este comercio en la zona.
La segunda decía que el lugar era el sitio perfecto para las personas que decían maldiciones o “vigas” y la última teoría expuso que en esa zona existió hace años un tranvía en donde abundaban las vigas del tren.




