
Como “Un negocio ingrato y difícil… pero muy bonito y satisfactorio”, de esta forma es como Fernando Rangel Santa Cruz define su trabajo: la compra y venta de libros, en un país donde el nivel de lectura es escaso, y cierran incluso las grandes cadenas de librerías.
Desde hace 30 años, Fernando Rangel se dedica a la venta de libros de segunda mano en diferentes mercados y tianguis, destacando el de “La Línea de fuego” en la calle Yucatán.
Comenzó a ofrecer libros en la década de los noventa, cuando hubo un “boom”, asimismo, un auge de varios best-sellers como “Entrevista con el vampiro”, “Jurassic Park”, “Los puentes de Madison” los títulos de “Escalofríos” de R.L. Stine o varios títulos de Stephen King. En aquel entonces había más títulos como posibilidades de comprar así como vender libros. Hoy en día, con la pandemia y la crisis, la situación se ha complicado bastante.
“Definitivamente hubo un boom literario en ese entonces. Por desgracia se acabó, ahora es por generaciones, los que fueron en su momento muy leídos ahora pocas personas los siguen buscando. Aunque algunos sí siguen vendiendo, yo me dediqué a eso por accidente: fracasé económicamente, luego empecé a vender mis libros, ahora es mi estilo de vida”, dice.
Aunque el negocio de la venta de libros es apasionante, Fernando es claro al afirmar: “sale para comer, pero ya hasta allí. Para tener un buen vehículo, comer muy bien, de plano no sale, pero lo bueno es que uno se está alimentando de la literatura”.
El negocio de librero se centra en la compra-venta. En ocasiones, la mejor forma de adquirir más ejemplares es ir a la Ciudad de México a conseguir más ejemplares, posteriormente regresar a León. Además de los ejemplares descatalogados, Fernando se dedica a la venta de libros antiguos. Esos ejemplares se venden aparte.
Sobre el cierre de Librería Porrúa, el veterano vendedor dice: “era una de las más grandes, de las primeras de todo México. Era primordial para México, es una tristeza”, concluye.