martes, agosto 25, 2026

2:55

¿No sé, si usted lo cronómetro? Después de pasada la sentida emoción, yo lo hice. Fueron 2:55 (dos minutos cincuenta y cinco segundos de aplausos ininterrumpidos, al Papa León XIV, cuando salió al balcón central de la Plaza de San Pedro. Mientras, se escuchaban los canticos…León, León, León, León.

Por unos minutos, casi hora y cuarto, millones de católicos en el mundo, nos olvidamos de nuestros problemas personales y no se diga, de todas esas broncas sociales y políticas que nos aquejan en nuestros países y comunidades, centrando la atención en un rito lleno de simbolismo y cargado de emoción.

Mientras se hizo el anuncio del anhelado humo blanco, un tubo se asomaba insertó en las tejas del edificio de la Capilla Sixtina, acompañando la imagen una paloma o gaviota como actriz principal, ante la mirada de millones que veíamos la imagen emocionados. La emoción exploto, al compás del silencio de saber quién era el ungido.

También, por un momento, nos olvidamos de esa antigua institución llamada Iglesia católica, con aproximadamente 2000 años de vida, cargada de vicios, escándalos y corrupción, al ver un ceremonial tan pulcro y perfecto, para elegir al sucesor de Pedro y de Francisco.  

Un grupo de 132 cardenales, que acababan de tomar una de las decisiones más trascendentales de la Iglesia católica, verlos arremolinarse en las ventanas contiguas del ventanal central, cómo si ellos mismos, no supieran que iba a pasar y estar expectantes como millones de fieles y no fieles, congregados en la Plaza central, pero, sobre todo, frente al televisor o pegados a la radio, fue francamente inolvidable.

La elección del nuevo Papa, que decidió llamarse León XIV, puertas adentro de la Capilla Sixtina, la alegría y el reconocimiento, también, se hicieron notar, al ver y escuchar, el anuncio del nombre del nuevo líder de la Iglesia católica:  Robert Francis Prevost. Además, para sorpresa de todos, estadounidense.

Por instantes, segundos o simplemente minutos, parecía que el mundo se detenía. Insisto, nos olvidamos de los gobiernos populistas y totalitarios, de la inseguridad que comandan los cárteles del narcotráfico, con el acompañamiento del gobierno federal y cientos de instituciones estatales y municipales, que hacen un gran equipo cargado de corrupción e impunidad.  

Y el éxtasis fue, cuando se asomó lentamente la imagen del nuevo ungido. Al mismo tiempo, de ver la reacción de cientos de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, quedando para la posteridad el llanto de una niña, cargada a hombros entre la multitud. Dos minutos, cincuenta y cinco segundos de aplausos.

Un Papa, perfecto conocedor de América Latina, pero también de México, concretamente del estado de Guanajuato y puntualmente de los municipios de Salamanca, Yuriria y Moroleón, como prior general de la Orden de San Agustín, del 2001 al 2013, era conocer y visitar las distintas casas que la orden tiene distribuidas por el mundo.

El jueves 8 de mayo, cuando se anunció el nombre de León XIV, los medios de comunicación del mundo y las redes sociales se llenaron de recordatorios y anécdotas de sus visitas por Perú, España, Francia, EU y México, concretamente en el estado de Guanajuato, sobre todo, en el sur de la entidad, particularmente en Moroleón.

No cabe duda, que es una bendición, sobre todo, una señal.

¿No cree usted?

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