De acuerdo a las noticias de esta semana, que han sido un cúmulo de acontecimientos desafortunados, nos tienen inmersos dentro de un panorama bastante difícil, complicado y con pocas soluciones para superarlo.
Uno de los principales problemas es el aumento de los casos de covid-19, pero especialmente el panorama más preocupante es en la Ciudad de México y el Estado de México, ya que ante la avalancha de contagios y el número de fallecimientos que se mantiene un nivel bastante alto, han provocado que las autoridades de la Ciudad de México y del Estado de México hayan tomado la decisión de señalar que están en el color rojo del que indica que la situación es bastante grave y por supuesto que esta medida conlleva los cambios de horario y restricciones de restaurantes, centros comerciales y tiendas no esenciales, quedarían abiertos las farmacias, los mercados y supermercados, con serias restricciones. Se habla del uso obligatorio del cubrebocas y también de crear la conciencia de lavarse las manos, del uso continuo del gel antibacterial y la sana distancia.
Podemos enfatizar en la Ciudad de México, pero la situación es muy parecida o casi igual en el resto del país; prácticamente en la República Mexicana se tienen 2 estados en color verde y el resto en color rojo, de acuerdo a cada estado se han adoptado una serie de medidas diferentes, pero conllevan a lo mismo: evitar la movilidad y las aglomeraciones y el estricto apego a las anteriores medidas de sanidad, inclusive multas a quien no utilice cubrebocas, o bien, cierres de establecimientos que no cumplan con las reglas que se fijan de parte del Gobierno. Estas son las medidas que está tomando el Gobierno ante la saturación de los hospitales, la falta de personal médico, medicamentos y camas de hospital.
Estamos conscientes que gran parte de la población están cansados de quedarse en casa, usar cubrebocas y seguir los lineamientos que nos marcan las autoridades sanitarias en el mundo como única atenuante para poder evitar contagio. Nosotros los hombres y las mujeres de todas las edades estamos empeñados en establecer un reto a la vida, pensando que “a mí no me va a pasar nada” y que “tampoco tengo responsabilidad para contagiar a los demás”. La irresponsabilidad para seguir las medidas necesarias para evitar el contagio es letra muerta y seguimos haciendo fiestas, reuniones entre amigos, posadas y diversiones en las que participan multitudes, celebraciones masivas por el triunfo de un evento deportivo.
Todo este escenario caótico viene en la temporada más sensible del año, se acerca este día 24 en que se realizará de nuevo, como hace 2000 años el gran acontecimiento del nacimiento del Niño Dios, dentro de la Navidad de este año, y esto nos debería de propiciar un periodo de reflexión, de cambio de actitud, de colaboración y de amor entre todos. Ver las cosas con más optimismo, hacer planes a corto plazo para levantar el ánimo y superar las adversidades que nos está dejando esta terrible enfermedad. Entendemos que la economía de nuestro país está derrumbada y posiblemente va a estar todavía más, pero debemos tener un espíritu de sacrificio, de ahorro y de austeridad, que no nos dañe la ausencia de comodidades, sino que nos haga templarnos en el yunque de todos estos acontecimientos que nos han dañado en nuestras familias, nuestra salud y nuestros más legítimos placeres por tanto sufrimiento que ha acontecido este año.
Démosle un voto de confianza a la Misericordia Divina, pero hay que pedirlo ofreciendo nuestro cambio y arrepentimiento, haciendo lo que nos corresponde y encontrando en nuestros corazones el ánimo para tener en lo posible una Feliz Navidad, por muy difícil que nos parezca en estos momentos.
