En muchos aspectos de la vida, cuando se llegan a cumplir 50 años de un hecho para recordar, puede ser de alegría, de grandes satisfacciones o bien de grandes tristezas, en los matrimonios le llaman bodas de oro al llegar a los 50 años, se desbordan los recuerdos y asisten a esta celebración una cantidad indeterminada de acuerdo a quien la organiza, pero no dejan pasar la fecha por ningún motivo.
En esta semana, el 2 de octubre, se cumplieron 50 años de los hechos sangrientos en que los estudiantes y el pueblo en general fueron masacrados en la plaza de las 3 culturas, en un lugar que se confluye a un área que se le denominó desde muchos años antes como Tlatelolco. Podemos decir que ese lugar histórico se efectuó la noche trágica a la que hacemos referencia.
Ya hemos expresado en otros artículos que los jóvenes, sin discernir si son estudiantes o no, son impulsivos y se les hace fácil confrontar con cualquier pretexto, por osado que parezca y aunque sus criterios todavía no son muy definidos, se puede decir que el vigor de la juventud a la que muchos de nosotros, que somos de la tercera edad, recordamos con emoción, aunque cada quien tiene su propia historia.
En este evento que hacemos referencia hay un cúmulo de personas que han escrito libros referenciando los hechos, algunos con mayor veracidad y otros dejando volar la imaginación y eso hace que las personas entren en discusiones a veces estériles.
Las personas que participaron primordialmente fueron estudiantes del Politécnico Nacional y la Universidad Nacional de México, como todas las cosas empiezan en un conflicto menor y van creciendo como en este caso con la falta de diálogo y el autoritarismo de las autoridades gubernamentales y podemos decir que se ha señalado como los autores intelectuales, y también dictando órdenes incongruentes y desafortunadas, al Secretario de gobernación en aquel entonces, Luis Echeverría, y que después fue Presidente, y como el mismo Presidente que gobernaba en esos momentos, me refiero a Gustavo Díaz Ordaz, y el Regente Corona del Rosal, estos 3 personajes no fueron capaces de comprender que quizá pudieron haber hecho una buena negociación previa y no que se desembocara en forma tan grave como la que pasó esa noche trágica, además se enfrentaron primeramente en acusaciones y amenazas represivas sin tomar en cuenta sus razones, ni sus pliegos, de los cuales muchos eran posiblemente acertados para llegar a un buen acuerdo, pero no hicieron nada de eso y manejaron esta situación de una forma autoritaria y represiva.
Se han hecho programas televisivos en los que en la mesa de diálogo se dan las opiniones de personas ya mayores de edad, que relatan las amargas experiencias, muchos de ellos perdieron a sus hijos o familiares y vivieron en carne propia, posiblemente, algún daño físico y creo que todas las televisoras que relataron estos hechos, si hacemos un resumen, presentan muchos puntos de coincidencia y otros más no lo son.
Con el debido respeto al director de Milenio, Carlos Marín, quiero referirme a lo que él expresó públicamente acerca de los hechos que hicieron posible esta masacre y él nos relata que estuvo allí presente y como todo mundo acusa al ejército de iniciar y matar a tantos inocentes, pues no coincide porque el mismo Carlos Marín nos relata que desde el edificio Chihuahua, fue una noche de confusión, desde la parte alta surgieron muchos disparos, inclusive matando a muchos soldados, entonces habla de una bengala verde, y el ejército se puso a repeler la agresión y lógicamente la fuerza ordenada del ejército superó con mucho a los atacantes solitarios que estaban en el citado edificio.
Una noche de confusión en la que los civiles, estudiantes y pueblo en general, que estaban en ese lugar corrieron despavoridos sin saber a dónde ir y claro, muchos de ellos murieron por recibir las balas asesinas.
Este artículo no pretende presentar acusaciones en contra del ejército, que posiblemente haya tenido parte de culpa, pero no en su totalidad y tampoco los líderes estudiantiles que no habían incitado anteriormente a la violencia, aunque la mayoría marchaba en paz lanzando consignas, pero no agrediendo a nadie físicamente. Hay un consenso generalizado en responsabilizar a Gustavo Díaz Ordaz como Presidente de la República porque no supo manejar la situación y también a Luis Echeverría y el Regente que en aquel entonces era Corona del Rosal.
La semana pasada hubo una marcha pacífica por Paseo de Reforma de miles de universitarios del Politécnico y muchas otras escuelas, con la frase repetitiva de “2 de Octubre no se olvida” y otras consignas alusivas acusando a las autoridades principalmente. Marcharon hasta el Zócalo, donde la bandera monumental fue izada a media asta en señal de duelo, por las mismas autoridades presidenciales. Pusieron un templete en el Zócalo y varios oradores hicieron relatos alusivos y lanzaron consignas contra los responsables. Afortunadamente hubo saldo blanco.
El año de este suceso se necesitaba mantener el país en paz porque se celebraban las olimpiadas y había que garantizar la seguridad de los atletas y los integrantes de las comitivas de todo el mundo. Afortunadamente en tiempo y forma se pudo encender el pebetero por la velocista Enriqueta Basilio y los juegos Olímpicos se desarrollaron normalmente, como coincidencia podemos decir que en esos días ya la olimpiada fue transmitida por televisión a color. Ya que antiguamente sólo estaba la televisión en blanco negro y se le atribuye a un técnico mexicano el descubrimiento para lograr esa transformación histórica.
Esperemos que nunca más vuelva a haber un hecho parecido ni mucho menos de esa gravedad.
Atentamente
Ing. Pedro Medina Hurtado
