La noche trágica de 1968 claro que no se puede olvidar y creo que fue un acto de barbarie de fuerzas federales enviadas por el gobierno para masacrar a muchos jóvenes y personas de mayor edad en Tlatelolco y no se puede concebir reprimir con la violencia las manifestaciones y de reclamos justos a una sociedad oprimida por el mal gobierno. Fue una lucha desigual entre jóvenes desarmados e indefensos, pero tenían sus voces para protestar lo que ellos consideraban que eran reclamos justos en el momento histórico de la vida de México. Desde las alturas del edificio Chihuahua fueron ametrallados inmisericordemente, queriendo apagar las ideas de justicia y respeto a la libertad de expresión.

En ese año el presidente era Gustavo Díaz Ordaz, como secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez y como regente de la Ciudad de México -que en ese entonces así se llamaba- Corona del Rosal, y muchos otros nombres que se unen a la larga lista de responsables que se escribe en letras de tristeza y que el pueblo en su momento, en los años posteriores y aun en la actualidad siguen recordando, porque por esto el 2 de octubre no se olvida.

El resumen de daños de muertos, heridos y desaparecidos no concuerda, pues hablan de cientos de muertos y otros hablan de sólo 58 o 60 y por supuesto de heridos en mayor o menor grado debieron haber sido cientos, pero como en aquel entonces no había la manera de dar a conocer con cámaras de vídeo y muchas cosas de las que ahora contamos, hicieron que surgieran numerosas versiones, pero el hecho de que no coincida el número no quiere decir que no existiera el hecho y la represión brutal.

Después de esta fecha han habido cada año marchas que van desde Plaza de Tlatelolco hasta el centro de la capital, en número variable, pero siempre abundante. Habrá que aceptar que los gobiernos en turno no obstaculizaron la celebración de estas marchas.

Lo que no podemos aceptar es que a través de los años se hayan manejado estos acontecimientos como manipuleos políticos, de los cuales grupos radicales se han aprovechado para traer el desorden y hemos escuchado muchas voces de gente que ha asistido a la mayor parte, marchando por la ciudad, gente madura de la tercera edad inclusive, que nos han relatado que las marchas en aquel entonces llevaban mantas y se gritaban consignas, pero eran marchas pacíficas, con cierto grado de inestabilidad, pero finalmente existía más bien la cordura y la seriedad del acto que el aprovechamiento y abuso en el comportamiento en el desarrollo de las marchas.

No podemos olvidar también el 2 de octubre de 2019, a esto agregamos la del 26 de septiembre de los integrantes de la CNTE y otros grupos radicales que se les unieron  y los del sábado 28 en el que grupo de exaltadas de feministas traicionaron el comportamiento de una mujer mexicana, que sabe reclamar, incluso marchar con enojo y con métodos de propaganda, banderas y mantas, pero conduciéndose con cordura.

Pues en el caso del 26 y 28 de septiembre y el 2 de octubre tampoco los vamos a olvidar, pero no los vamos a olvidar porque hubo desordenes en los cuales grupos de jóvenes, posiblemente en la primera más de 100 jóvenes y en la segunda los feministas, una marcha compuesta de mujeres solamente, pues no permitían la presencia de hombres, pero se dedicaron no solamente a protestar y a que se escucharan sus proclamas, sino que hicieron desordenes mujeres con el rostro cubierto con pasamontañas en los mismos lugares de acceso al Zócalo, inclusive dañando monumentos que son símbolo del México antiguo, orgullo de nuestra historia y testigos de glorias pasadas, como el edificio de Correos, el Banco de México y el mismo Palacio Nacional fueron objetos de pintas con aerosoles y también volvieron a destruir vidrios de comercios y destrozaron todo lo que se ponía a su paso, en forma irracional y estúpida, porque esas conductas antisociales, que solamente afectan a terceros no coinciden con la ideología de la protesta ni de la libertad de expresión, sino son un vandalismo irreverente producto de la sinrazón.

Pero no terminó allí, el día 2 de octubre el gobierno de la ciudad tuvo la feliz ocurrencia de blindar con láminas y bardas, lo más que se pudo, para proteger de los posibles daños que iban a causar los vándalos y todavía se les ocurrió crear lo que ellos llamaron un cinturón de paz y obligaron a que más de 12,000 burócratas que trabajan en las oficinas de gobierno, uniformados con playeras blancas, fueran a hacer valla, pensando ingenuamente, sin ningún protocolo ni medidas precautorias, que iban poder contener a los vándalos y a los agitadores profesionales que se entremezclaron de nuevo entre la gente pacífica que transitaban desde Tlatelolco hasta el Zócalo. Algunos de estos en momentos se quitaron rápidamente las camisetas y huyeron ante los desmanes, cohetones y bombas molotov que lanzaban los anarquistas.

Atrás de este cinturón de paz estaban los policías sumando, respaldando y cuidándolos a ellos, pero también sin detener; solamente arrinconados con protectores de plástico para tratar de contener la ira y las manifestaciones de vandalismo y estupidez de alrededor de 100 desquiciados.

No podemos entender cómo es posible que se piense que en los cinturones de paz, obligadamente por el gobierno, hayan tenido que asistir los burócratas, sin ninguna posibilidad de ser capacitados de lo que tenían que hacer y había mujeres y niños entre los que integraban esas vallas. Afortunadamente no hubo lesionados y menos muertos, unos cuantos con lesiones leves, pero simplemente se pudieron haber hecho cosas trágicas que estuviéramos lamentando.

No podemos estar de acuerdo de ninguna manera en que se ordene la pacificación y que se actué de una manera tan pasiva, alegando que no debe haber represión, porque una cosa es represión y otra es violencia y se debe poner orden y detener, pues había 3000 policías que pudieron detener fácilmente a 100 o 150 anarquistas y no lo hicieron. Realmente es incomprensible y afortunadamente hubo saldo casi blanco, pero el gobierno federal y municipal lo consideran un éxito y el pueblo mismo de la Ciudad de México y nosotros en general como pueblo de México consideramos que es un riesgo innecesario y consideramos que debería actuarse simplemente como marca la ley, sin represión, sin violencia y deteniendo a estos embozados, delincuentes profesionales, provocadores, que ensucian la marcha pacífica de los más de 10,000 que se presentaron para caminar por las calles de la Ciudad de México en forma pacífica.

Las marchas van a continuar, eso nos queda claro, y ¿Qué va a hacer el gobierno de la Ciudad? ¿Mandar otra vez a los burócratas? ¿Dejar que los policías sean humillados y si vienen otros elementos de seguridad sean golpeados y denigrados? ¿Esperamos que haya muertos y heridos para actuar?

Esperamos que esto no vuelva a pasar, porque no deseamos de ninguna manera que tengamos que lamentar hechos trágicos productos en el actuar de las fuerzas de seguridad, que conforme a la ley debían haberlo hecho, pero se los impidieron las autoridades.

Atentamente
Ing. Pedro Medina Hurtado

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