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¿Te quieres casar conmigo?

Matrimonio y divorcio; dos caras de la misma moneda. Antes, las bodas se contaban por decenas…pero hoy día son escasas las celebraciones matrimoniales.

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– “Te quieres casar conmigo…”.

La declaración era la clave que detonaba un ambiente de ensueños, ilusiones y entusiasmo, así como de compromisos religioso, social y civil, para vivir” juntos y felices por siempre” y hasta que el destino los separe.

La pareja cumpliría el séptimo sacramento: matrimonio, que genera una serie de gastos e imprevistos, como los trajes de los novios, el ramo, el lazo, las arras, los padrinos, las invitaciones, reservar el templo, incluidas luces, alfombra y música, también el salón de fiestas y el grupo musical, además de la comida o cena y el vino, incluso en planear y reservar el cuarto de hotel para la luna de miel; y al regreso, habitar la casa o el departamento  en donde la pareja vivirá, que al cabo los dos trabajan y pueden cooperar de manera proporcional para los gastos y manutención

Piensan hasta en el número de hijos que querrían tener, procrear una familia, pero ya no tan numerosas como las de antes, sino planeada y buscar la “parejita” –niño y niña-, pues con los métodos de planificación es más sencillo.

Luego, llega el momento de vivir la triste realidad que provoca la lamentable desintegración familiar y sus respectivas consecuencias en cascada, que en contraste nadie se alegra ni celebra, tampoco felicita con abrazos y buenos deseos a la pareja de los ahora divorciados, quienes quedan a la suerte que eligieron: ser libres y sin compromisos.

Antaño, los noviazgos eran prolongados por años en que “echaban reja” los novios y que terminaban con el anillo de compromiso matrimonial y la petición de mano de la novia, para después acudir a las pláticas prematrimoniales y primero se realizaba la boda ante juez civil con la lectura de la epístola de Melchor Ocampo, asignaban luego el acta del registro para contraer nupcias ante la ley,  bajo las condiciones de “bienes mancomunados o -de preferencia- separados”: rúbricas, sonrisas y salud, que ya relajados posaban para las fotos y hasta videos del recuerdo y en entrevistas con los reporteros de la fuente se atrevían a anticipar la fecha de su matrimonio por la iglesia.

PREPARATIVOS

El vestido de la novia, el traje del novio, mandar imprimir las invitaciones, romanticismo a pleno soñando con las fotografías, templo, flores, la marcha nupcial, las bendiciones, los abrazos, fotos, fiesta con música en vivo, luna de miel, aparecer en portadas de secciones en las páginas sociales de los periódicos con fotografías y reseñas de bodas de los novios, incluidos invitados.

De alguna manera, lo anterior representaba valores que sean ido perdiendo; ya casi no existen bodas en los templos…se celebraban en misas de las seis de la mañana, doce del mediodía y por la noche, los sacramentos no se cobran, pero las bodas sí, que terminaban a la salida del templo con los cientos de asistentes, quienes lanzaban arroz a los nuevos esposos en señal de buenaventura. Luego se paseaban por las calles de la ciudad o en carretas jaladas por caballos o se transportaron hasta en lujosas limusinas hasta llegar al salón de fiestas, donde ya los esperaban sus invitados y en donde “nunca faltaban los gorrones”.

– ¿Prometes serle fiel en lo próspero y adverso; cuidarla en la salud y en la enfermedad; amarla y respetarla hasta que la muerte los separe?

– ¡Sí, acepto!            

-Lo que Dios unió que no lo separe el hombre.

Entonces los declaraban marido y mujer y el novio podía besar la novia, porque ya eran, ante la ley de Dios y del hombre, felices esposos, que luego durante el festejo bailaban el vals, brindaban con sidra –salud-, partían el pastel, recorrían las mesas de agradecimiento y sus invitados hacían la cooperación monetaria, pero estaban ansiosos, ya con las maletas hechas, para emprender el viaje de la luna de miel.

Antaño, las bodas se contaban por decenas que se celebraban en los templos, sobre todo durante los fines de semana por las mañanas, mediodía, tarde y noche y en la actualidad son escasas en los recintos.

Antiguamente las mujeres eran destinadas para los “hombres machos”, mayores en edad que ellas, treintones que contraían nupcias con jovencitas de 15 años, quienes procuraron numerosas familias hasta de 20 descendientes, al paso del tiempo se fue igualando la edad matrimonial, para darse incluso casos en que la mujer era mayor en años de nacimiento que el hombre, quien gustaba de las mujeres maduras.

Los novios aceptan las despedidas de solteros donde sus amistades les regalaban vajillas, cubiertos, planchas, cortinas, juegos de baño, sábanas, colchas, ollas de presión, juegos de cuchillos, relojes despertadores, pijamas, almohadas, toallas, licuadoras, lámparas, entre otros objetos.

Los compromisos también se contraían porque los chavos se robaban a las novias y luego de embarazarlas contraían el compromiso, pero desafortunadamente con el paso del tiempo las abandonaban o se divorciaban por diversas causas, principalmente por violencia verbal, física, sexual o por incompetencia económica.

Ahora lo que prevalece es la unión libre….sin compromiso ni responsabilidad, una decisión muy simplista, pragmática acorde con la modernidad plagada de influencias de otras culturas, como la anglosajona, sin compromisos ni altura de miras, simple y sencillamente por el gusto de estar juntos un rato, aburrirse, amarse para luego ofenderse y decidir definitivamente separarse por incompatibilidad de caracteres, porque descubren que son flojos, tienen mal aliento, no se bañan, roncan cuando duermen, se mientan a la progenitora o por ser “cachados in fraganti” cometiendo  adulterios o de plano descubren que son “gays” a su libre albedrío, para dejar desafortunadamente desprotegidos a sus inocentes hijos, a la suerte que el destino les depare.

Los novios eran de buenas y respetables familias, herederos de la descendencia, incluidos progenitores; las novias eran serias y recatadas y los novios serios y formales, además fuertes y trabajadores, muchos de ellos estaban comprometidos por los caprichos patronales y padrinazgos, ante lo cual todos estaban contentos y nerviosos por celebrar las bodas.

DATO: En la actualidad se registran más de 2 mil casos anuales de divorcios.

Datos ilustrativos por fuentes eclesiásticas, legislativas y del registro civil, giran en el sentido de que antes proliferaban las bodas durante los fines de semana, pero que ahora casi no acontecen y que se registran más divorcios (hasta más de 10 mil casos) durante los últimos cinco años.

La iglesia no acepta el divorcio, porque es un sacramento indisoluble, pero el Estado sí, e incluso el que los interesados celebren segundas y hasta terceras nupcias y en ocasiones hasta más.

El fenómeno, más no problemática social, deriva de diversos factores psicosociales que inciden en el comportamiento de los seres humanos, que se basan en su educación básica familiar y escolar, pasando por sus ideas y experiencias, conocimientos, apreciaciones y valores, en uno de los sectores esenciales que componen el tejido social y, que en este sentido, se ha descompuesto actualmente, sobre el cual no existen programas de los representantes de los sectores público y privado para atender y resolver la situación ante los casos de toma de decisiones y defensa de los derechos humanos de los aspectos estrictamente de carácter personales.

Y dato curioso, si antes todos celebraban las bodas, en contraste los divorcios no son lo mismo, sino que a manera privada se lamentan.

Como antecedentes, el divorcio aparece en el panorama social y eclesiástico hacia mediados del Siglo XV, durante el Concilio de Trento (Italia) y en las Leyes de las Indias (Nueva España, Siglo XVI), en que se afirmaba que la iglesia no acepta esa figura, salvo los casos extremos como el adulterio y el aborto; en las leyes hace acto de presencia con su propuesta y aprobación por diputados federales y locales en nuestro país y la entidad guanajuatense, casi a finales del Siglo XIX en el código civil, el cual registra el primer caso promovido de demanda y que fue aprobado en 1915; y en la actualidad se registran más de 2 ml casos anuales.

Se dan casos variados en que las parejas de esposos se divorciaban al poco tiempo de casados, cuando menos se aguantaron un mes o una semana y logran el divorcio “express”, incluso por “internet”, pero hay otras parejas que celebraron sus bodas de plata (25 años), o más, para a final de cuentas decidir separarse. Y en la actualidad en el Congreso del Estado existe una propuesta de iniciativa de reforma al código civil por el divorcio, de tantas de que ha sido objeto, ahora para acelerar el engorroso procedimiento y acelerarlo por consentimiento mutuo.

Cuando el amor se acaba, empezaron las diferencias, reproches, reclamos, gritos, golpes, traiciones, desinterés, falta de diálogo,  de amor y de obligaciones, porque los otrora enamorados novios, luego esposos, ya no se entendían ni comprendían, tampoco se atraían, porque no le pidieron al tiempo que volviera para que con tolerancia y comprensión pudieran remediar su situación y reconciliarse, sino que hasta que el destino los alcanzó y uno de los dos tendría que tomar la decisión, él o ella, para de una vez por todas, a pesar de las negativas consecuencias, resolver en definitiva la situación y poner punto final, porque hasta aquí llegaron durante una vida compartida que pasaron del amor al dolor:

-“Quiero el divorcio…”.

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