miércoles, septiembre 2, 2026
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Zapata, a cien años de su muerte

El campesino tenía hambre, padecía miseria, sufría explotación y si se levantó en armas fue para obtener el pan que la avidez del rico le negaba

Emiliano Zapata

El 10 de abril se cumplieron cien años del asesinato del general morelense Emiliano Zapata, uno de los más grandes protagonistas de la Revolución Mexicana. Bajo su liderazgo las huestes campesinas del sur del país lucharon denodadamente por sus derechos e ideales.

En Anenecuilco, población del estado de Morelos, nació Emiliano Zapata Salazar un 8 de agosto de 1879. Hombre de campo, Zapata se dedicaba a diversas actividades entre las que estaba la agricultura. Conocía muy bien las problemáticas de los campesinos más oprimidos, aunque él y su familia no formaban parte de ellos.

En 1909 fue elegido como representante de Anenecuilco por el Consejo de Ancianos, pues su carisma y capacidad le convertían en el ideal para defender los intereses de su pueblo. Tiempo después ingresó al ejército mediante la leva. Una vez liberado, Zapata regresó a sus labores cotidianas. Supo del levantamiento armado convocado por Francisco I. Madero y junto con otros líderes se unió al movimiento en marzo de 1911.

Emiliano Zapata pasó a ser el jefe indiscutible de la revolución en la entidad morelense. Tuvo enfrentamientos contra las fuerzas federales que sostenían al presidente Porfirio Díaz, hasta que éste finalmente se vio obligado a renunciar.

Habiendo dejado Díaz el poder, Zapata y Madero se reunieron en la Ciudad de México. Al revolucionario de Morelos le urgían medidas que aliviaran la difícil situación agraria que se vivía en su terruño y aunque Madero se comprometió a resolverla le pidió tiempo.

Zapata se dio a la tarea de licenciar a sus soldados como se lo había pedido Madero, pero ante la presencia del ejército en su Estado volvió a reunir a su gente. La separación con el ya presidente Madero fue inevitable, pues para Zapata aquel era “inepto para realizar las promesas de la revolución…” e “incapaz para gobernar”… Así quedó establecido en el Plan de Ayala, importante documento en el que se plasmaban los ideales zapatistas de tierra, libertad y justicia, entre otros. A partir de este momento iniciaría una lucha basada en lo expuesto en dicho plan.

Cuando el presidente Madero fue víctima de la traición de Victoriano Huerta, Zapata rechazó inmediatamente su gobierno, emanado del asesinato del legítimo titular del Ejecutivo. El Caudillo del Sur hostigó en todo momento a las tropas del usurpador. Atacado por diferentes flancos Huerta renunció, el Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza se imponía. Sin embargo, no se llegó a ningún entendimiento entre éste y Zapata. Más tarde, en la Convención de Aguascalientes, el Plan de Ayala tuvo una gran aceptación al mismo tiempo que se desconocía a Carranza como presidente.

En 1915 Carranza expidió la Ley Agraria, con esto buscaba debilitar a Zapata, ya que muchas tierras regresarían a los campesinos y con esto ya no tendrían que seguir levantados en armas. Este y otros factores fueron acabando con el zapatismo.

Después de años de acoso por parte del gobierno carrancista, Emiliano Zapata fue asesinado en la hacienda de Chinameca el 10 de abril de 1919, cuando los soldados al mando del oficial Jesús Guajardo lo tirotearon alevosamente, después de que Guajardo simuló dejar a Carranza para apoyar la causa zapatista. Actualmente los restos del caudillo reposan en la Plaza de la Revolución del Sur, en la ciudad de Cuautla, Morelos.

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