Hoy, miles de guanajuatenses se preparan para la cena de Nochebuena y posteriormente, la mañana de Navidad. Sin embargo, las enfermeras que harán guardia pasarán la temporada salvando vidas, usando cubrebocas, administrando medicamentos… su vida no será diferente a como ha sido todo el 2020.
“Va a ser una Navidad diferente, pero el objetivo es seguir luchando con esto que nos tocó vivir”, quien esto expresa es Erika Andrade Osorio, maestra en Ciencias de Enfermería, quien labora actualmente en el Hospital de Atención Covid-19 en la coordinación clínica del área hospitalaria.
“Aquí no tendremos Navidad. Lo vamos a vivir trabajando, con un equipo de protección y atención directa al paciente”, advierte.
Para los médicos es cansado llevar todo el equipo de protección contra el virus: cubrebocas, guantes, goggles, etcétera. Son ocho horas de trabajo, en los que no pueden salir o distraerse. Cuando menos cuenta se dan ya transcurrieron ocho horas, y a mayor cantidad de pacientes hay más carga de trabajo.
EN LA ACTUALIDAD
Con respecto a cómo se encuentran las y los enfermos actualmente, Erika es muy clara:
“Yo percibo al gremio de enfermería agotados, porque en este momento vamos en ascenso de contagios. También estamos frustrados, porque son vidas que se nos van y que no podemos alcanzar. Es una enfermedad muy letal y desgraciadamente la gente acude a los hospitales en periodos tardíos, cuando no se puede hacer nada”, apunta.
“Si no se atienden en forma temprana, es muy difícil alcanzar a los pacientes”, advierte la enfermera.
También está el lado optimista: el caso de señoras de ochenta, jóvenes de 35 o personas de 50 que se recuperan, y eso, para Erika, es un regalo de vida y una satisfacción.
RECUERDOS DEL 2020
Este 2020 es el año de la enfermería. Erika aún recuerda que a inicios del año se empezó a escuchar sobre aquel virus que surgía en Wuhan. Después se le empezaba a dar atención a muchos pacientes. Poco a poco los casos en México empezaron a crecer, y los médicos y enfermeros comenzaban a trabajar sin descanso.
“Sabíamos, y estábamos conscientes, que nosotros estaríamos en la primera línea. No sabíamos a qué nos íbamos a enfrentar, ni cómo se iba a manifestar ni a comportar con los pacientes. Era una enfermedad nueva”, recuerda Andrade.
Toda la información para mantenerse al día fue con literatura internacional, pues los médicos se enfrentaban a un nuevo virus, informándose respecto a cómo les iba a otros países: España, Inglaterra, Estados Unidos, China, etcétera.
“Con base en esas experiencias, aprovechamos y agotamos nuestros recursos, así como todas las medidas de la Organización Mundial de Salud y la Secretaría de Salud”, dice.
Andrade Osorio cuenta que desde niña siempre tuvo el interés y la pasión por ayudar. Conforme crecía y se insertaba en áreas de estudio, le interesó el área de la salud, por lo que estudió en la Escuela Militar de Enfermería. Tras ocho años en activo, solicitó su baja y actualmente cambió de la vida castrense a la civil, pues la misma dinámica se vive en ambos ámbitos: salvar vidas y ayudar al prójimo.



