miércoles, septiembre 2, 2026
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Vive el legado de Manuel Márquez

Al cerrar octubre de 1968 se escribió un histórico capítulo que don Manuel Márquez Caballero selló con un perene símbolo de paz: su paloma “Perla”.

Aquél momento mágico de inauguración de los juegos olímpicos, apenas segundos después de que Enrique Basilio portó la flama olímpica, México proyectaba al mundo su mensaje de paz.

Ese mismo mes, el 2 de octubre, los mexicanos se convulsionaron con la tragedia  en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Diez días después, la paloma de la paz revoloteaba entre las banderas olímpicas.

Don Manuel Márquez, colombófilo de buena cepa, dejó un simbólico legado con la aportación de su pequeña parvada que fue lanzada al azul cielo en la inauguración de los juegos olímpicos de México.

El pasado lunes EL HERALDO DE LEÓN publicó la reseña de Miguel Márquez Ponce (hijo de don Manuel), quien evocó aquél pasaje de vida que representó el momento de la llegada al palomar leonés de los mensajeros de la paz.

En las páginas de EL HERALDO del domingo 13 de octubre de 1968 se consignó una nota bajo el título: “Palomas leonesas en la magna inauguración”.

COLOMBÓFILO

Y la nota versó: “El señor Manuel Márquez Caballero, colombófilo de esta ciudad de León, colaboró en la inauguración de los juegos de la XIX Olimpiada con su granito de arena. Sucede que el señor Manuel Márquez envió 13 palomas mensajeras a la Ciudad de México las cuales, junto con miles más, fueron lanzadas al aire durante el acto. Aparentemente, este gesto no tiene importancia, pero resulta que dos de las trece palomas han regresado a su lugar de origen, o sea a la casa del dueño, sita en la calle Las Palmas. Las palomas mensajeras llegaron a su nido alrededor de las 5: 50 de la tarde de ayer, por lo cual, en cuanto se vieron libres después de la solemne inauguración emprendieron el vuelo hacia nuestra ciudad. Lo anterior nos los comunicó el propio señor Manuel Márquez Caballero ayer por la noche, después de haber recibido a dos de sus palomas que regresaron en tiempo récord”.

En su reseña publicada el pasado lunes, Miguel Márquez reveló que la primera paloma en regresar se llamó Perla y la segunda Capitán Garfio.

Desde León se gestó este simbólico mensaje de paz que, cincuenta años después, trasciende vivo como un legado de fraternidad por siempre.

La paloma, al igual que el eterno fuego olímpico, por siempre será un símbolo de paz, tal y como fue impulsado por Don Manuel.

A su recuerdo.

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