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Viaje de fe

Impulsados por una tradición de 34 años, más de 80 ciclistas del club ‘Siempre Amigos’, de Domingo Arenas, Puebla, atraviesan el país en un viaje de fe de más de 600 kilómetros hasta la Catedral Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, en Jalisco.

Cada pedalada, cada kilómetro recorrido, es un acto de fe que fortalece la amistad y resistencia del grupo. Durante su parada en León, los ciclistas compartieron el significado de su travesía. Explicaron que, más allá del desafío físico, el viaje es una forma de agradecer, buscar bendiciones y cumplir las ‘mandas’ hechas a la Virgen de San Juan de los Lagos.

A lo largo del camino, enfrentan desafíos climáticos y del terreno, pero la fuerza de su fe y devoción, así como el apoyo mutuo, los impulsan a seguir adelante, con la mirada puesta en su sagrado destino. Lo que comenzó hace más de tres décadas como iniciativa de seis jóvenes, hoy es una peregrinación anual que une a familias y amigos.

Venancio Solares , quien ha participado en 33 de las 34 ediciones, relató que el principal motor es agradecer a la Virgen por los milagros y bendiciones recibidas.

«Año con año, la iniciativa fue de los muchachos que hicieron posible hacer esta peregrinación», comentó. Para los peregrinos, el viaje de tres días es una prueba de fe y resistencia.

«El trayecto en bicicleta es muy, muy arriesgado y muy peligroso», explicó Venancio, sin restarle importancia al riesgo. No obstante, afirmó: «nosotros, gracias a Dios, hasta ahorita estamos bien».

Su tranquilidad, más que en la suerte, descansa en la protección divina que, aseguró, los acompaña a cada pedaleo. Su ritual es simple pero poderoso: «Desde que nos levantamos, una oración a la Virgen y empezamos a agarrar camino», sentenció.

Para los peregrinos, las bendiciones son una realidad palpable. Solares relató que, según su fe, la intercesión divina les ha permitido prosperar. Muestra de ello, dijo, es que han logrado renovar los vehículos de apoyo por modelos más nuevos. “Gracias a Dios a todos nos ha concedido, nos ha dado buenas cosas”, resaltó.

«No es una carrera, sino es una peregrinación en donde vamos paso a paso», aclaró. Cerca de las 10 de la mañana, el contingente hizo una pausa sobre el bulevar Paseo de los Niños, en la colonia La Martinica, para recargar energías. Bajo la sombra de los árboles, los peregrinos y sus acompañantes compartieron un almuerzo de frijoles de la olla, nopales, rajas de chilaca y agua fresca de limón.


Para el club «Siempre Amigos», la meta no está solo en la basílica; está en cada uno de los 600 kilómetros que unen la amistad, el sacrificio y la fe. Con ese espíritu, y tras reponer fuerzas, el contingente se preparó para la etapa final, formándose detrás de la camioneta azul que, con su altar móvil adornado de flores, resguarda a la Virgen que los guía.

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