En días recientes, en las noticias nacionales, se dio a conocer un impactante video en el que puede verse cómo un conductor de un taxi en la capital del país, a plena luz del día, decidió cometer un violento ataque contra una jovencita que inclusive vestía su uniforme escolar. El video fue captado por cámaras de seguridad instaladas por el propio gobierno de la ciudad de México. En el mismo, puede observarse la decidida intención del mencionado conductor que transitaba por el callejón, de agredirla y despojarla de sus pertenencias. ¿Por un teléfono celular? ¿Cuánto va a obtener en el mercado negro por él? ¿O acaso le hacía falta al taxista? ¿Y qué con la dignidad, la tranquilidad y la paz de la adolescente que sufrió el ataque? Como madre de familia, inmediatamente pensé en mis hijas, que aun cuando aún no son adolescentes, lo llegarán a ser y querrán ser independientes y decidirán o tendrán que caminar solas por alguna avenida.
El incidente pasó en el otro Distrito Federal, pero ¿qué hacer en las ciudades en donde el presupuesto no alcanza para contar con cámaras de seguridad instaladas en cada esquina? Y en este caso en particular, lo que menos importaba era la sustracción del bien material. Desconozco si el agresor se hubiera detenido si la víctima hubiera sido un chico o un hombre. Alguien que hubiera podido repeler su agresión o que inclusive pudiera venir armado. El apoyo de la tecnología en este acto, fue determinante. Recuerdo que hace un par de años, en un hecho de tránsito por el que presenté una denuncia, la investigación no pudo prosperar porque ante la falta de testigos y aun cuando pedí que se solicitaran videos de alguna cámara que pudiera haber captado el momento del accidente, mi petición fue en vano, porque simplemente no había ningún dispositivo instalado a los alrededores.
Lamentablemente, los ataques a mujeres son mucho más comunes que los perpetrados contra los hombres. Desde ahora les advertimos a los pequeños, que no hablen con extraños, pero en unos cuantos años más, habremos de decirles con detalle, cuándo y cómo oponer resistencia y cómo actuar en caso de ser asaltados. En el video al que nos referimos, se observa una víctima distraída en lo que sucede a su alrededor pero muy interesada en lo que precisamente pasaba en su “Smart phone”. Quizás si se hubiera percatado con anticipación de que estaba a punto de recorrer un callejón alejado y que no había mucha gente a su alrededor, hubiera estado más alerta o quizás no hubiera mostrado el objeto de interés del ladrón que aparentemente ya fue identificado. Supuestos hay muchos.
Ante nuestra propia naturaleza humana, tan desconcertante, resulta verdaderamente lamentable que los más débiles, los aparentemente más frágiles y las mujeres, somos blanco de todos aquellos que desean hacerse de objetos que no se ganan con el producto de sus trabajos, y eso, en el mejor de los casos. ¿Qué resta por hacer? Por parte de la ciudadanía, quizás estar más alertas y exigir políticas públicas más eficientes. Por parte de las autoridades, un prudente ejercicio de los recursos públicos que permita fortalecer las fuerzas de seguridad, en una labor preventiva y sancionadora. ¿Usted qué opina?
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