Los influencers, que es como se conoce a las personalidades de internet, destacan por los motivos más variados. A veces por acciones nobles y admirables, en ocasiones por algún comportamiento bufonesco y en el menos usual de los ejemplos, por ser cómplices de asesinato.
Esta semana abordaremos el caso de Dee Dee y Gypsy Rose Blanchard, una truculenta historia que involucra maltrato a menores, mentiras, condenas en prisión y el morbo que prolifera en las redes sociales.
Radicada en Springfield, Missouri, Dee Dee Blanchard era, en apariencia, madre de familia modelo y que enfrentaba la adversidad, pues su pequeña hija, Gypsy Rose, nació con una larguísima lista de enfermedades: asma, epilepsia, discapacidad auditiva, intelectual y visual, parálisis de la cintura a los pies, leucemia y apnea de sueño. La pobre nena aparecía en noticieros sonriendo, tomada de la mano de su mamá. Juntas, eran un ejemplo de amor y superación. Las asociaciones civiles de Estados Unidos y el gobierno las apoyaban. Les dieron casa, medicamentos e incluso viajes a Disneylandia. Pero todo era una farsa.
En realidad, Gypsy estaba completamente sana. Se trataba de un invento de su madre para vivir sin trabajar. Lo que padecía era Síndrome de Munchausen, “[…] una enfermedad mental y maltrato infantil. El cuidador del niño, con frecuencia la madre, inventa síntomas para que parezca que el niño está enfermo”, como lo define la página Mediline Plus.
Dee Dee aprovechó el huracán Katrina para decir que no tenía los registros médicos de su hija, pues se habían perdido durante el siniestro. De esta forma engañó a muchos médicos.
LA CONJURA
Ocurrió lo inevitable: Gypsy fue creciendo y al llegar a la adolescencia dedujo que su madre había inventado todo. Al tener acceso a internet creó un perfil en Facebook que checaba a escondidas de la mujer, y fue contactando personas del mundo exterior.
Cuando Dee Dee se dio cuenta, destrozó la computadora con un martillo y le dijo a su hija que si volvía a desobedecerla lo descargaría sobre ella. La violencia y el maltrato iba en aumento y como el matrimonio estaba divorciado, la joven no tenía quién la ayudara.
Con el paso de los años dañaba más a su hija, al grado de darle somníferos y amarrarla. Fue cuestión de tiempo para que comprara otra computadora, y esta vez, Gypsy volvió a abrir Facebook. En su sitio de citas conoció a un muchacho con conflictos emocionales llamado Nicholas Godejohn de 21 años, de quien se enamoró. Así fue como ambos planearon matar a la señora. Según la muchacha, debía hacerlo por sobrevivencia.
El 9 de junio de 2015, Gypsy dejó afuera de su casa unos guantes, un cuchillo y la réplica de las llaves. Así fue como Nicholas entró y apuñaló 17 veces a Dee Dee. Para después, la joven pareja, salir de la casa caminando sin que la ‘enferma’ usase la silla de ruedas. En Facebook escribieron que la mujer estaba muerta.
Pero la culpa pudo más y Gypsy confesó. Mientras que Nicholas fue sentenciado a cadena perpetua, a la cómplice se le dieron 10 años reducidos a 9 con libertad condicional, pues la fiscalía y defensa entendieron la complejidad de los hechos y que fue tanto víctima como victimaria. Irónicamente, ella declaró sentirse más libre en la cárcel que con su madre. Desde diciembre de 2023 es una mujer libre de 32 años.
El caso ha aparecido en infinidad de libros, series, canciones y documentales. Como era de esperarse, dio a conocer en todos los medios del mundo. Por eso, en cuanto Gypsy salió de prisión y abrió sus cuentas de Instagram y Tik Tok, a los 10 días ya tenía 8.1 millones de seguidores en el primero y 9.5 millones en el segundo; sin embargo, no habla mucho del tema, sino de su afición a Taylor Swift, su nueva vida con su actual pareja y del libro que espera publicar, contando su versión.
Sin duda, el caso Blanchard es un ejemplo del alcance y el poder de las redes sociales, ya sea para bien o para mal.



