A través de su historia los partidos políticos han tenido su área dedicada a preparar a sus militantes en estrategias y tácticas con el fin de alcanzar el poder público, en las urnas a través de elecciones.
Empero la mercadotecnia, poco a poco sustituyó la vinculación estrecha entre militantes y al mismo tiempo, facilitó que no fuera el ser, sino el tener quien se alzara con la victoria.
Por motivos diversos, los partidos, en un principio instrumentos para impulsar la democracia, fueron debilitando su posición ante los potenciales electores y con frecuencia, éstos abandonaron la lucha por la prevalencia de una ideología y siguieron la corriente, a una etapa de la vida social, motivada por las comodidades que la ciencia aplicada ofrece.
Cambiar el atractivo de la confrontación de las ideas, por estrategias y tácticas diseñadas, no por los políticos, sino por los mercadólogos, apartó paulatinamente a los maestros de la política, duchos en el análisis dialéctico de la historia, de los quehaceres que tuvieron, cuando los partidos fueron creados con la emoción de llegar a la democracia como forma de vida.
Evidentemente que los partidos políticos tienen en los poderes de hecho, sus principales adversarios. El poder económico distrajo, con el poder de la propaganda política e invitó a “invertir”. Muchos políticos no pudieron con la nueva realidad y fueron desplazados por personeros de los poderes de hecho.
Los partidos que conservan vocación por ideales fincados en ideología, tuvieron necesidad de hacer concesiones para sobrevivir, pero el prestigio de los partidos decayó considerablemente, ante una opinión pública formada por quienes conocen las leyes del mercado.
Los partidos políticos deben retomar la posición original, representando los intereses generales. Es falso que los intereses generales atenten contra el interés individual, pues lo salvaguarda, con la vigencia de un sólido estado de derecho.
En el momento actual, debe volver a la palestra política, la participación de los mejores maestros, que militan en todos los partidos políticos, para que creen condiciones para el surgimiento de políticos conocedores de lo fundamental de la ciencia, para que la sociedad tenga representantes auténticos y, los científicos, no se vean en un rincón, mendigando apoyos para hacer florecer la ciencia, que resuelva problemas sociales.
Las empresas que fomentan la objetivación de satisfactores de la salud, merecen apoyo social, pero la sociedad está urgida de acceder a una vida libre de zozobras e incertidumbres como ocurre en la época presente.
Cuántas “sorpresas” encontrarán los políticos, si están ajenos a los quehaceres de la ciencia, si son extraños al sufrimiento humano, que tarde o temprano, a ellos también los hará sus víctimas.
Es momento que la vida sea más importante que la ciencia del mercado; al fin sin vida, no habrá humanidad y con ella se erradicará de la faz de la tierra, todo lo que hoy parece ser motivo de existencia para la especie.
Ningún laboratorio deberá estar ocioso, ni ocupado en cuestiones bizantinas, mientras millones, o todos, sufrimos por lo que parece ser un fantasma, sin adversario al frente.



