Lamentablemente, la dinámica de los tiempos que vivimos, nos impiden hacer un alto, para voltear a nuestro alrededor, y darnos cuenta de lo mucho que podemos hacer por los demás.
Los recientes terremotos que cimbraron, primero a Oaxaca y Chiapas y, después, a los estados de México, Morelos, Puebla y la Ciudad de México, han calado hondo en el ánimo de los mexicanos. Estos desastres naturales, han dejado a su paso, pérdidas económicas y, lo más doloroso, pérdidas humanas. Pero también han hecho evidente que, los mexicanos, tienen una gran capacidad para hacer frente a las tragedias; y que pueden unir esfuerzos, sin importar el contexto social y económico del que provengan. Como reza la sabiduría popular, después de la tempestad, viene la calma. Y cuando la calma finalmente se asiente, se presentará una gran oportunidad para todo nuestro país: hacer las cosas de una manera distinta.
Algunos de mis alumnos universitarios, me señalaron que era su deseo unirse, para viajar a la Ciudad de México, y ofrecerse como voluntarios en las labores de rescate. Si bien esto es loable, reconozco que, ni en ellos, ni en la mayoría de la gente – incluyéndome – esta es una actitud que aflore de manera espontánea, en el día a día. Es cierto, una tragedia de esta magnitud, despierta esa sensación de ofrecer nuestra ayuda. La pregunta sería entonces, ¿por qué no mantenemos ese mismo espíritu de manera permanente? Los problemas y necesidades abundan. Millones de mexicanos, a lo largo y ancho del país, podrían beneficiarse del apoyo que, en mayor o menor medida, podríamos ofrecerles.
Esta debería ser una llamada de atención para todos. El país que tendríamos, si pudiéramos mantener ese espíritu solidario y de ayudarnos unos a otros, sería muy diferente. Lo mismo es formar parte de una cadena humana para remover escombros, que una cadena clientes – proveedores, donde nos enfoquemos en aportar valor; o una cadena de apoyo, donde aquellos que tienen más, puedan ayudar a los que son menos afortunados, y este concepto no se reduce solamente al ámbito económico y material. El principio es el mismo: unirnos, codo a codo, para alcanzar un objetivo común. Dejar de lado las diferencias económicas, religiosas y políticas, para construir, juntos, una nación donde valga la pena vivir.
Lamentablemente, la dinámica de los tiempos que vivimos, nos impiden hacer un alto, para voltear a nuestro alrededor, y darnos cuenta de lo mucho que podemos hacer por los demás. Entiendo a aquellos que afirman que, suficientemente difícil es sortear los obstáculos, cuando uno camina solo. Al menos eso lo he pensado, y sentido, en incontables ocasiones. Si, además, nos convencemos de que, tal como mucha gente refiere, que alguien más se aprovechará de nosotros si ayudamos, sería natural que nos abstengamos de hacerlo. Sin embargo, las imágenes y videos que hemos visto; y las historias que hemos leído y escuchado, dejan claro que, cuando nos ayudamos unos a otros, no hay dificultad que no pueda vencerse.
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