Problema de costumbres.
Me encontraba intentando obtener el argumento para mi columna, poco tiempo fue necesario para darme cuenta de que me encontraba en blanco.
Recorrí mi pequeña colección y al pasar la vista por el título ‘The United States’ me hice la misma pregunta que cientos de miles de mexicanos, resentidos o no, se hacen alguna vez ¿Qué hace a Estados Unidos ser Estados Unidos y que hace que México sea México? Ambas naciones colonizadas, una por británicos otra por españoles, nacidas al mundo independiente con 45 años de diferencia, ambas con conflictos bélicos e ideológicos, triunfos y derrotas, penas y glorias.
Las personas, con una mezcla insana de romanticismo y resignación, responderán: Su gente. Si es así, tendríamos que afrontar que los estadounidenses son mejores que los mexicanos, cosa que parece una estupidez.
Recordé entonces dos acontecimientos ocurridos en un mismo capítulo de México. Cuando Estados Unidos invadió México (1846 – 1848) a finales de la guerra, el general Winfield Scott, se encontraba al mando de la capital de México, desde el inicio de su campaña militar fue responsable de actos de crueldad contra los mexicanos, pasó por alto los hechos de rapiña de sus soldados y aplicó castigos físicos a los ciudadanos de la capital. Llegó a consumar la derrota de México y ser el jefe máximo del gobierno provisional en la Capital Mexicana; para los mexicanos de la época fue sorprendente que el gobierno de Washington, establecido a más de tres mil kilómetros de distancia, enviara una carta exigiéndole deponer el mando de sus tropas y regresar a los Estados Unidos para rendir cuentas de sus actos, la parte que sorprendió a los mexicanos fue que cumplió con la orden, obedeció cada palabra de esa carta.
Tiempo después, mientras las tropas mexicanas trataban de reorganizarse para la defensa y su gobierno hacia lo único que quedaba por hacerse, rendirse. El general Antonio López de Santa Anna, quien comandaba la defensa de México y que lo hizo lo mejor que pudo, a decir verdad. Recibió al igual que Scott, una carta de su gobierno, ordenándole entregar el mando del ejército y prepararse para ser juzgado por sus actos durante la guerra, no hace falta ser un estudioso para adivinar que Santa Anna dio uso al dicho ‘Pies ¿para que los quiero?’, abandonó el país, ignorando una orden de su gobierno y regresando años después para motivar una guerra encarnizada entre mexicanos (Guerra de Reforma).
Winfield Scott y Antonio López de Santa Anna, uno recordado como héroe en su patria, el otro es uno de los mexicanos más odiados.
Relatos como el anterior existen muchos a lo largo de la historia, Richard Nixon renunció a la presidencia de los Estados Unidos después de que su congreso lo acusará de ser coparticipare de obstruir la justicia en el caso ‘Watergate’ (1974). Mientras que años atrás, la ciudad de México vivió una masacre de estudiantes (1968) mientras que el entonces presidente, Gustavo Díaz Ordaz, terminó su sexenio sin que el congreso se atreviese a señalarle por nada.
Casos similares se viven ahora. El asunto de la ‘Casa Blanca’ de la esposa del Presidente de la República, la manera en que el gobierno federal ha dado protección a gobernadores corruptos y lo que hace hervir la sangre, es saber que todos aquellos funcionarios corruptos de México, terminarán sus días en una cama caliente con un pasado que no les quitará el sueño.
¿Cuál es el problema de México? Es un problema de costumbres, que el mexicano olvida que se le ha hecho daño en el pasado, la costumbre del ‘peor es nada’ cuando recibimos migajas de nuestros gobernantes o un mal salario de nuestros jefes. Es que los mexicanos somos demasiado ‘hijos de puta’ y nuestros gobernantes, lo son un poco más.
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