viernes, agosto 28, 2026
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 TERROR EN GUANAJUATO

Desde hace poco más de 12 años, los guanajuatenses vivimos con miedo todos los días. Seguramente, este sentimiento se repite en millones de mexicanos y familias en otros estados de la república. Cómo es generalizada está sensación, es “normal” y no pasa nada. Al fin, todos sentimos lo mismo y la inseguridad social, se ha convertido en un fiel acompañante de mujeres y hombres.

El miedo se ha ido transformando en terror, al ver cómo Guanajuato se convierte en titular de primeras planas de medios impresos y digitales. Así cómo también, al sintonizar alguna emisora de radio o televisión de algún noticiero y Guanajuato aparece en primer lugar de homicidios dolosos, feminicidios y muertes violentas a policías municipales o ministeriales.

Ha quedado atrás, muy atrás, aquella percepción nacional de que Guanajuato era una especie de isla, donde el desarrollo económico y la inversión nacional y extranjera eran el símbolo y sello único y diferenciador, de un estado próspero y pujante. La paz social de la mano de gobiernos estatales y municipales, eran modelo de referencia de buenas prácticas.

Todo eso, ha ido en decadencia con el paso del tiempo. La instalación de distintos cárteles en el territorio guanajuatense ha ido en aumento exponencial, al grado que ninguno de sus 46 municipios está exento de la presencia del crimen organizado. Hay municipios, muchos, donde convergen distintos grupos rivales, recreando esos territorios en auténticas zonas de guerra.

La narcopolítica ha ido en aumento en varios municipios, donde el modus operandi ha sido un mismo patrón de conducta. Primeramente, introduciéndose cómo proveedores de bienes y servicios, hasta llegar a perfeccionarse en los padrones de abastecedores de gobiernos locales. Después, pidiendo vía la amenaza velada o directa, puestos estratégicos en las distintas administraciones.

Los puestos “clásicos” y claves donde solicitan por las buenas o por las malas, posiciones son: tránsito municipal, fiscalización, adquisiciones u oficialía mayor, obras públicas y tesorería municipal. Más sofisticados, apoyando y financiando a candidatos a puestos de elección popular: presidentes municipales, síndicos y regidores.

Por último, convirtiendo bastos territorios municipales en narco gobiernos, que gradualmente van creciendo con suelo de vecinos. Hasta llegar a controlar más superficie, donde el cártel es dueño y señor de esos espacios de tierra y sus administraciones. Todos los habitantes locales, identifican con claridad esas circunstancias y a esos personajes. Es un secreto a voces.

Ninguna autoridad estatal o local, hace nada. La tolerancia política, administrativa y social, hace cómplices del silencio que campea por tierras guanajuatenses. El miedo y el terror va en aumento, de la mano de la corrupción gubernamental que hace cómo que trabaja y combate el flagelo, mientras los pobladores hacen que no saben nada.

Hemos pasado de las extorciones, secuestros, homicidios y robos en todas sus modalidades, a actos de terrorismo donde ponen regalos con explosivos a coches bomba frente a instalaciones de seguridad pública, supuestamente vigiladas por impecables autoridades municipales, las mismas que están coludidos con los criminales. En esos municipios castigados por la barbarie, saben y conocen quienes son, hasta donde se resguardan.

La descomposición social es brutal. Mientras tanto, las autoridades municipales, estatales y federales, siguen diseñando políticas públicas innovadoras, al grado de claudicar funciones y obligaciones en el ámbito local, por tener mayor presupuesto federal. Pero, sobre todo, aliarse en lo político y administrativo, a los mismos de siempre. Los que generan la violencia.

¿No cree usted?

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